lunes, 29 de septiembre de 2014

Jabones de otoño

 


El dulce es el sabor del otoño. “Estación de las neblinas y de los dulces frutos". Ya me trajo las manzanas y membrillos para los macerados de temporada.

El año pasado no las deshidraté, recién cogidas las metí en aceite de oliva durante tres horas a temperatura baja (37º). Cuando la fruta es fresca prefiero un macerado rápido para evitar un posible deterioro del aceite, no suele pasar pero por si acaso. En esta ocasión las he secado en el deshidratador, las he troceado y dejado macerar durante treinta días aproximadamente.

Al jabón le adorné con flores secas de varios colores y mirar como quedó. El resultado lo esperaba, quería ese efecto. Son muy pocas las flores que aguantan su color durante la elaboración del jabón, la caléndula es una de ellas, su amarillo anaranjado queda intacto.

Manzanas y membrillos, aceite de oliva, caléndulas y lavandas, y un extracto, de naranja o pomelo, es mi elixir otoñal, para esos días que vendrán melancólicos.

  



Otoño, tiempo de pasear por el campo, de recolectar las últimas hierbas mágicas, de llenar la despensa, tiempo de libros, de lluvia tras el cristal y de café en compañía. Hagamos como los árboles, tiremos nuestras hojas muertas y dirijamos la energía hacia las raíces, crecer interiormente que es ahora el momento.


lunes, 15 de septiembre de 2014

Nutritiva de aceite de coco bio


Seguro que habéis hecho mantequilla alguna vez. Qué bueno cuando la nata empieza a convertirse en crema y va soltando las gotas de agua. Así quería la nutritiva, untuosa, balsámica y a la vez hidratante, salpicada de pequeños agujeros rellenos de gotitas de lavanda. Le puse hidrolato, aceites (uno de ellos, a ser posible, sólido), cera de abeja, extracto y/o aceite esencial. Casi comestible, muy saludable y con olor a coco auténtico, este aceite me hizo una crema que apetecía comerla, rica rica. (“No pongas en tu piel lo que no puedas comer”, idea algo extremista que a veces tengo en cuenta).
Si queréis hacer la crema tenéis que emulsionarla bien y guardarla un día en la nevera, la sacáis, removéis y ¡ya está!, se desprenderán las gotas de agua.

Le va muy bien el extracto de naranja pero le quedaba algunos días de maceración, así que le puse de pomelo que es igual de apetecible y nunca me falta en la despensa.












  

Y el otoño a las puertas


lunes, 1 de septiembre de 2014

Destilando lavanda





“Cuando miramos a una planta debemos verla como a una vieja prima lejana. Hace dos mil millones de años las plantas y los humanos evolucionaron de las mismas células”.

“Tendemos a pensar que somos los seres vivos más poderosos de la Tierra. Sin embargo, las plantas son las que una y otra vez establecen la agenda de la vida”.

Me vinieron estas frases a la cabeza mientras destilaba ¿Será verdad, como dicen, que “condicionan” o “manipulan” el entorno para su propio beneficio?  Su lenguaje, sin duda, es el más directo y efectivo: la seducción. Con sus frutos, aromas, formas y colores cautivan a cualquier animalito que esté dispuesto a esparcir sus semillas. Las orquídeas son un ejemplo claro, imitan el aspecto y el olor de las hembras de algunos insectos, estos hacen el trabajo de polinización y ellas les dan un poco de azúcar. ¿Saben las plantas lo que hacen? Desde luego sus fines o estrategias en la biología evolutiva la han cumplido con creces.

Mi caso también es muy claro, a cambio de su esencia las siembro, las abono, las riego, las podo, las mimo. Viven en un entorno precioso, en un valle, orientadas al sol. El agua es de montaña, sin tratar, no conocen la contaminación, ni saben de pesticidas ni abonos químicos, en fin, están felices y vaya si me lo agradecen.

A mediados o finales de julio, comienzo a recogerlas, más o menos cuando el 50 % de las flores están completamente abiertas. Si se retrasa el corte aparecerán las semillas y hará que disminuya el rendimiento. Las dejo orearse en la sombra un día, al siguiente les quito el tallo y destilo sólo la flor. La destilación la hago en el jardín, es un olor muy intenso y en un lugar cerrado agobia bastante. El siguiente paso es separar el aceite del agua, yo me lo salto, congelo todo en bolsas para cubitos de hielo. Y a esperar a un jabón o a una crema.


Los tallos de la lavanda se aprovechan, hago manojos y los cuelgo en el gallinero, a ver si relajo a las gallinas…

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