martes, 26 de febrero de 2019

Aceite de coco, manteca de karité, lavanda, sándalo...








El jabón lleva aceite de coco, aceite de girasol bio, karité, colofonia y cera de abeja. El proceso de saponificación lo hice en caliente, en una olla de cocción lenta, sin superar los 85º. Me llevó aproximadamente 50 minutos, pero esto no sirve de referencia; los aceites, la temperatura ambiental y los aditivos pueden alargar o acortar el proceso. En este caso la colofonia redujo bastante el tiempo y dejó además al jabón con un aspecto quebradizo, estética que me gusta bastante.

Esta forma de elaboración es ideal para que las esencias puras y los sobreengrasados con "aceites de lujo" lleguen con sus mejores cualidades pues los incorporamos cuando la pasta de jabón ya ha alcanzado la saponificación y la temperatura ha descendido. Y ahora sí que nos merece la pena utilizarlos de buena calidad, aunque se dispare un poco el precio.

Después de conseguir la gelificación (la pasta de jabón toma un aspecto de vaselina) medí el PH, esperé a que la temperatura bajara a 60º, le puse un trocito de karité (15 gramos) y eché los aceites esenciales: lavanda y sándalo. Qué más os puedo contar que no veáis en las fotos, ah, sí, que a los dos días los pude usar.

Otra cosa, para el sobreengrasado utilizo mantecas y aceites que tengan poco nivel de enranciamiento: karité, manteca de cacao o aceite de coco, con ellos me siento supersegura.





martes, 19 de febrero de 2019

Jabón infantil de fresa y coco






"Quien nada sabe sobre los efectos universales y el simbolismo de los colores, jamás podrá emplearlos adecuadamente" (Eva Heller)

El color juega un papel fundamental en la creación de un entorno que fomente el aprendizaje. La paleta de colores primarios; rojo, amarillo y azul es clave en el diseño de objetos para llamar la atención de los niños, hay que encontrar esa conexión entre la realidad que conocen y las cosas con las que sueñan. Elegí el rojo para estos jabones porque es el más estimulante de los tres. Enseñarles higiene, enseñarles a lavarse las manitas, enseñarles a jugar con el jabón tiene que divertirles, así cuando crezcan sabrán apreciarlo y quererlo.
El color fue un acierto y un gusto enseñarles esta canción, que seguro no olvidarán porque estuvieron repitiéndola toda la tarde:
Me lavo las manitas
con agua y con jabón,
me seco los deditos
cantando una canción:
Hay cinco dedos en cada mano
y manos tengo… ¡dos!
Uno, dos, tres, cuatro y cinco.
¡Una y dos!
Se me acercó una nena, Valentina, y dijo: “quiero hacerlo con agua… pero de la de verdad”. La llevé a la cocina y nos pusimos a cantar. Qué deditos, qué vocecita, un amor.
Fue una tarde deliciosa, un chiquitín de dos años me balbuceaba señalándose la orejita que… Bueno, os contaría al detalle el guateque infantil tan divertido que pasé con ellos, pero sería largo, aunque muy entretenido, así que mejor os comento sobre el jabón. Lleva un macerado de aceite de coco y fresas deshidratadas, aceite de oliva y cera de abeja. El color no lo dieron las fresas, fue un colorante bien llamativo de grado cosmético. Lo inusual de este jabón es que el macerado lo hice en una olla de cocción lenta, llevó más de seis horas con una temperatura que no superó los 50º. Quedó rico.
Es interesante este tipo de cocción y tal vez en otra entrada os comente sobre ello. Además, que me apetece hablar de cocina… para variar.



“Cada niño es un deslumbrante arco iris de posibilidades”
(Fabio Deotto)

jueves, 14 de febrero de 2019

Karité y rosa de damasco


Aceite de oliva
aceite de coco
manteca de karité macerada con rosa de damasco
colofonia

EL FLECHAZO DE CUPIDO ES UN PROCESO QUIMICO... TAN ROMÁNTICO

Se conocieron un 14 de febrero. Dicen que su enamoramiento fue cosa del destino, aunque en realidad depende más de los procesos hormonales que afectaron sus funciones cerebrales y corporales, y no de un cupido que revolotea con flechas en su aljaba.
Al principio, ella decía a sus amigas: “¡Tiene un no sé qué, que cómo te explico!”. Él comentaba a sus compañeros: “¡Hay algo en esa chica que es como un imán!”. Cuando coincidían, se preguntaban con insistencia: “¿Tú también sientes esta química entre nosotros?”. Así, sin saberlo, explicaban científicamente la química que se da entre hormonas, aromas y moléculas corporales, los responsables de que dos seres se atraigan.
La pareja comenzaba a segregar feromonas, feniletilamina, adrenalina, dopamina y oxitocina, las cuales se cuentan entre los más de 10 grupos de sustancias que produce nuestro cuerpo antes, durante y después del enamoramiento.
Cada vez que ella lo veía, transpiraba y su respiración se aceleraba. La sugerencia de sus amigas, “disimula, se nota que te gusta”, era imposible de seguir, porque no controlaba ese complot químico en su cuerpo cuyo propósito final es la preservación de la especie.
“La feniletilamina activa la secreción de dopamina (neurotransmisor que despierta deseo y placer) norepinefrina y oxitocina, todas ellas relacionadas con el apetito sexual y la necesidad de relacionarse. Se trata de una combinación que nos mantiene eufóricos y excitados”, explica Gilda Flores, especialista de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Cuautitlán, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en entrevista con CNNMéxico.
“Al estar cerca del 'objeto de nuestro afecto', la dopamina provoca temblores, sudoración, tartamudeo y disminución de la capacidad auditiva y visual. Incluso no se puede caminar bien, porque las rodillas experimentan encurvamiento, al igual que la espalda, cabeza y manos. Todas estas son actitudes visibles y distinguibles a las que comúnmente llamamos 'mover el tapete'”.
Claro que es imposible que una persona se mantenga en un estado alterado por siempre, por lo que las endorfinas y encefalinas se encargan de calmar el sistema. “No podríamos permanecer con el sistema enloquecido durante mucho tiempo, aunque esto no implica que todo vuelva a la normalidad, pues al mismo tiempo recibimos cargas de norepinefrina, que hace que la pupila se dilate y percibamos las cosas de manera peculiar. Enamorarse es como recibir un bombazo químico al interior, capaz de hacernos perder el control de la conciencia y la capacidad de juicio, y alterar nuestra manera de tomar decisiones”.
Perfume natural
“Casi puedo oler cuando (él) está cerca”, comentaba.
“Aunque las mujeres son más propensas a usar fragancias, no pierden su capacidad para detectar, sobre estas, el olor no sólo de su cuerpo, sino el de la persona amada. Esto se debe a que secretamos diversas moléculas en el sudor que delatan el estado de nuestro sistema inmunológico. Estas se pegan a nuestra piel y se desprenden como un polvo fino que es transportado por el aire”, explica Óscar Próspero, investigador de la Facultad de Medicina de la UNAM.
“Por pertenecer al sistema inmunológico, estas moléculas funcionan como un repelente si se parecen a las nuestras y como un magneto si resultan distintas. En la medida en que estas partículas emanadas por la potencial pareja sexual resulten más parecidas a las nuestras, el individuo nos será menos agradable”.
Captamos estos olores con el interior de la base de la nariz, mediante el órgano vomeronasal, cuando tenemos al ser amado al alcance de la mano.
Caricias y beso
Como en toda historia de amor, la trama siempre se complica, y ahora otras sustancias entrarán en escena, adelantó Gilda Flores. “Ahora hará su aparición la serotonina (neurotransmisor de la satisfacción), que produce calma y sosiego en el individuo, e inmediatamente después se gestará la fase endocrina, en la que se generan hormonas como la testosterona, en los hombres, y el estradiol y progesterona, en las mujeres. Todo esto incita al contacto físico y a los conflictos, y placeres, que pueden derivar de ello”.
Su quinta cita tuvo lugar en una fiesta. Ambos estaban nerviosos y cuando comenzó a sonar su canción favorita de Café Tacvba, él se decidió a sacarla a la pista. Desde los altavoces se oía: “Nos besamos bailando (...) quién iba a pensar que después de este primer beso, me iba a enamorar”, y no bien habían terminado estos versos, se besaron.
Mari Carmen Meza, académica del Departamento de Psicología y Educación de la Universidad Iberoamericana, comenta que al besar se secretan neurotransmisores que afectan al sistema nervioso central y activan los centros de placer. Además, cuando el roce bucal es sostenido y continuo, se liberan endorfinas. Es una estimulación a nivel cortical —de la corteza cerebral, el estado más alto, complejo y de mejor calidad— que estrecha lazos afectivos.
“El beso francés es el contacto más erótico que existe, porque la cavidad oral, que es húmeda, remite a la cavidad vaginal. Se trata de un disparador de excitadores sexuales, ya que el contacto oral es muy poderoso a nivel fisiológico”, explica Meza.
Ignacio Camacho, investigador de la Facultad de Química de la UNAM, explica que besar implica una gran coordinación bisomotora, ya que en ello intervienen más de 30 músculos faciales. La cara, labios y lengua están llenos de terminales nerviosas debido a que sirven para comunicarnos (expresión vocal y facial).
“Activa circuitos de recompensa del cerebro, como el núcleo accumbens o el sistema límbico, e incrementa la presencia de proteínas en el cuerpo. Se han realizado estudios en los que una pareja se besa durante un tiempo determinado y acto seguido se le realiza un estudio de sangre. Esto ha demostrado que el nivel de proteínas en el organismo es muy diferente antes y después de dicha acción”.
El boom de la oxitocina
Después de muchas citas, besos y caricias, tuvieron relaciones sexuales y, según ellos, se sintieron más ligados que nunca.
Este fenómeno que se explica porque, durante el orgasmo, producen oxitocina y vasopresina, y ambas sustancias avivan el deseo de tener una relación amorosa.
“La vasopresina es notoria en personas que desean mantener relaciones largas, por eso se le llama 'hormona de la fidelidad'. Esta sustancia se secreta, principalmente, en la plática o durante las caricias posteriores al acto sexual”. comenta Óscar Próspero.
Sin embargo, acota Gilda Flores, ambas presentan incrementos y descensos, y no se quedan para siempre en nuestro organismo.
“Algunos animales las generan de manera estable y esto los motiva a mantener una pareja de por vida, como se observa en cisnes, ballenas y pingüinos. En cuanto a nosotros, la naturaleza hizo de la fidelidad un asunto de libre albedrío. Mantenerse con la misma persona, vivir o incluso casarse con ella es un evento relacionado con el intelecto que no tiene sustento biológico”.
El amor no es para siempre
Hoy llevan ya años juntos y lejos quedaron las mariposas en el estómago, los celos sin razón y la idea de que el otro es perfecto. El cariño que siente uno por el otro es intenso, pero confiesan que el fuego y los arrebatos emocionales han disminuido, por lo que cada uno se pregunta, por su parte, “¿que el amor no era para siempre?”.
“Eso es un mito", responde Gilda Flores. "Las sensaciones y efectos experimentados al inicio disminuyen con el tiempo. El organismo se hace más resistente a las hormonas y los procesos químicos, y la pasión se transforma en sentimiento de pertenencia, que no es otra cosa que un amor más sosegado y pensado”.
Sin embargo, “el amor intelectual” es más duradero que el biológico, ya que implica juicio y toma de decisiones. En esta etapa, las endorfinas siguen presentes, pero ahora provocan sentimientos de seguridad y apego, “es decir, la química no deja de interactuar con los sentimientos y sensaciones humanas”.
Ambos aceptaron que el nerviosismo no volverá, y que las ganas de estar juntos jamás serán tan imperiosas como antaño, pero han decidido que el cariño y lo acostumbrados que están el uno al otro son también sentimientos valiosos y quizá más sólidos que los de aquel deslumbramiento inicial, por lo que han comenzado a hablar de boda, pero eso sí, la fiesta será un 14 de febrero, en recuerdo de aquel primer encuentro.

Fuente CNNMéxico