martes, 9 de febrero de 2021

Estampado en gasa con flores frescas



 A primeros de febrero el jardín empieza a moverse, algunos capullos ya están regordetes y unos pocos adelantados abren: las margaritas, las vincas y el membrillero japonés. Este último florece dos veces al año, la primera es en este mes, se cubre de un rojo carmín muy llamativo.
Esperaba impaciente estas flores porque me entretienen mucho las manualidades que se pueden hacer con ellas. Había ojeado algunos tutoriales de estampación floral en tela y encontré uno que me llamó la atención por su simplicidad. Consiste en golpear con un martillo de goma la flor, recién cogida, sobre la tela, fácil ¿no?, la duda fue cómo fijar los colores para que pudiesen aguantar el lavado, seguí algunos consejos, cuestionables, y no, no funcionaron. Por deducción, compré un impermeabilizante para tejidos y con un pincel apliqué una capa sobre las flores, algunas resistieron el tratamiento y el lavado, otras… cambiaron el look.

El tono malva de la vinca quedó perfecto, el botón de la margarita también conservó el amarillo, la hoja de la nandina, de color fresa, derivó hacia el guinda, y la flor del membrillo… no sé, entre un rosa cereza y lila. Ya veo que voy a enloquecer cuando llegue la primavera, y aunque tengo tiempo para experimentar, no quiero que se alargue, así que seguramente me apunte a un taller.

Recogiendo las plantitas para el trabajo encontré un trébol de cuatro hojas, tantas veces que lo busqué y ahora aparece sin más, por casualidad, qué cosas. Espero que me de mucha suerte, porque tengo que repartirla.

jueves, 14 de enero de 2021

Mantequilla vegetal de coco

 
Antes de hablaros sobre la crema, os voy a contar una anécdota que me ocurrió el día en que nevó tantísimo. Ese día estaba desayunando cuando oí pequeños golpes en el cristal de la ventana, mirad quién era
Sí, un pajarito que me pedía comida. Igual que en un cuento ¿no es para morirse de amor? 
Más tarde, cuando quitábamos la nieve alrededor de la casa, otro pajarito aún más pequeño que el anterior, con el pecho de color naranja, se puso a aletear alrededor de nuestros pies. Yo alucinaba, jamás había visto aquello, estaban hambrientos y vencieron el miedo a los “gigantes humanos” para poder acercarse y dejarse alimentar hasta recuperar las fuerzas. Al anochecer se marcharon, por suerte mi gato, con tanta nieve, prefirió quedarse dentro de casa, así me evitó el agobio de tener que vigilarle.
Dice Jennifer Ackerman que “los pájaros recuerdan, piensan, sienten, hacen regalos y aman”, pues ojalá que no se olviden de mí y vuelvan.

La crema nació de un error. Su fórmula la sé de memoria, solo que se me cruzaron los cables y puse el porcentaje de aceite de coco al 100 %, cuando lleva el 50, pero bueno… a veces los errores son aciertos y como el mundo sensorial de las cremas es amplio y admite muchas texturas, esta mantequilla vegetal la voy a incorporar a mi lista. Tiene un punto cremoso bastante rico, como el de un helado. Se funde enseguida cuando la pones en la piel y aunque al principio da la sensación de que va a ser grasosa no lo es, penetra rápidamente y deja la piel como a mí me gusta, transpirable e hidratada, en este orden. Lleva aceite de coco macerado con lavanda y rosas, agua, lecitina de soja, mucílago de lino dorado y cera de abeja. Los aceites esenciales son de hinojo y lavanda.
Para cuerpo y rostro.
El jabón es de aceite de oliva con cera de abeja y colofonia. Le puse raíz de lirio para fijar el olor, de lavanda. 
Para cabello, cara y cuerpo.


Y, como las semillas soñando bajo la nieve, vuestro corazón sueña con la primavera.
(Khalil Gibran)