lunes, 10 de mayo de 2021

Baño de jabón y gotas de lavanda


Claudia hace poco que está entre nosotros. Es una bebita rebuena, tranquila y comilona. Por las noches respeta el sueño de sus papás aunque esté despierta, se entretiene escuchándose sus gorgoritos o chupándose las manitas. Al amanecer espera a su madre con una sonrisa de oreja a oreja para su primera toma del día. Llora solo cuando se asusta o cuando se hace daño intentando jugar con el chupete. Risueña y muy disciplinada para lo chiquita que es.
Le encanta el baño y aunque pone carita de inseguridad al primer contacto con el agua, enseguida empieza a “nadar” contentísima y confiada de que está en su medio, tal vez porque le recuerde la estancia en el útero materno. Su mamá ahora solo le baña con agua templada, pero más adelante, a los cinco o seis meses, ya podrá prepararle un agua jabonosa clarita con dos gotas de aceite de lavanda ¡qué rico baño! Para cuando pueda sostener la espalda y sentarse, le dejará que juegue con la pastilla, si es que consigue atraparla. Luego de los baños vendrá la ducha, a solas con el jabón, pero mamá vigilando. Y lo más difícil, la pubertad, andará detrás de la adolescente intentando comerle el coco, bueno, persuadiéndola, de que el jabón es la mejor alternativa para una piel sana.
Confío mucho en la intuición de las madres, saben que la piel de su bebé es lo más tierno y que está desprotegida hasta que su sistema inmunológico se configure, mientras tanto, la mantendrán a salvo.
Los jabones son de aceite de oliva macerado con caléndula de temporada y lavanda. Quería ponerle manzanilla pero aún no ha salido, este año tenemos una primavera de contrastes y el jardín va retrasado por las lluvias y el mal tiempo. Dice el refranero “Primavera mojada, verano seco”, así que ojo con el agua, no la desperdiciemos.


Ha parado el viento y bajo los árboles hay esa luz sobrenatural que sigue a la lluvia (Marguerite Duras)

martes, 9 de febrero de 2021

Estampado en gasa con flores frescas



 A primeros de febrero el jardín empieza a moverse, algunos capullos ya están regordetes y unos pocos adelantados abren: las margaritas, las vincas y el membrillero japonés. Este último florece dos veces al año, la primera es en este mes, se cubre de un rojo carmín muy llamativo.
Esperaba impaciente estas flores porque me entretienen mucho las manualidades que se pueden hacer con ellas. Había ojeado algunos tutoriales de estampación floral en tela y encontré uno que me llamó la atención por su simplicidad. Consiste en golpear con un martillo de goma la flor, recién cogida, sobre la tela, fácil ¿no?, la duda fue cómo fijar los colores para que pudiesen aguantar el lavado, seguí algunos consejos, cuestionables, y no, no funcionaron. Por deducción, compré un impermeabilizante para tejidos y con un pincel apliqué una capa sobre las flores, algunas resistieron el tratamiento y el lavado, otras… cambiaron el look.

El tono malva de la vinca quedó perfecto, el botón de la margarita también conservó el amarillo, la hoja de la nandina, de color fresa, derivó hacia el guinda, y la flor del membrillo… no sé, entre un rosa cereza y lila. Ya veo que voy a enloquecer cuando llegue la primavera, y aunque tengo tiempo para experimentar, no quiero que se alargue, así que seguramente me apunte a un taller.

Recogiendo las plantitas para el trabajo encontré un trébol de cuatro hojas, tantas veces que lo busqué y ahora aparece sin más, por casualidad, qué cosas. Espero que me de mucha suerte, porque tengo que repartirla.

jueves, 14 de enero de 2021

Mantequilla vegetal de coco

 
Antes de hablaros sobre la crema, os voy a contar una anécdota que me ocurrió el día en que nevó tantísimo. Ese día estaba desayunando cuando oí pequeños golpes en el cristal de la ventana, mirad quién era
Sí, un pajarito que me pedía comida. Igual que en un cuento ¿no es para morirse de amor? 
Más tarde, cuando quitábamos la nieve alrededor de la casa, otro pajarito aún más pequeño que el anterior, con el pecho de color naranja, se puso a aletear alrededor de nuestros pies. Yo alucinaba, jamás había visto aquello, estaban hambrientos y vencieron el miedo a los “gigantes humanos” para poder acercarse y dejarse alimentar hasta recuperar las fuerzas. Al anochecer se marcharon, por suerte mi gato, con tanta nieve, prefirió quedarse dentro de casa, así me evitó el agobio de tener que vigilarle.
Dice Jennifer Ackerman que “los pájaros recuerdan, piensan, sienten, hacen regalos y aman”, pues ojalá que no se olviden de mí y vuelvan.

La crema nació de un error. Su fórmula la sé de memoria, solo que se me cruzaron los cables y puse el porcentaje de aceite de coco al 100 %, cuando lleva el 50, pero bueno… a veces los errores son aciertos y como el mundo sensorial de las cremas es amplio y admite muchas texturas, esta mantequilla vegetal la voy a incorporar a mi lista. Tiene un punto cremoso bastante rico, como el de un helado. Se funde enseguida cuando la pones en la piel y aunque al principio da la sensación de que va a ser grasosa no lo es, penetra rápidamente y deja la piel como a mí me gusta, transpirable e hidratada, en este orden. Lleva aceite de coco macerado con lavanda y rosas, agua, lecitina de soja, mucílago de lino dorado y cera de abeja. Los aceites esenciales son de hinojo y lavanda.
Para cuerpo y rostro.
El jabón es de aceite de oliva con cera de abeja y colofonia. Le puse raíz de lirio para fijar el olor, de lavanda. 
Para cabello, cara y cuerpo.


Y, como las semillas soñando bajo la nieve, vuestro corazón sueña con la primavera.
(Khalil Gibran)






jueves, 3 de diciembre de 2020

Jabón de bayas

 

“Durante la noche, el mundo descansa. Árboles, montañas, campos y rostros son liberados de la prisión de la forma y la visibilidad. Al amparo de las tinieblas, cada cosa se refugia en su propia naturaleza. La oscuridad es la matriz antigua. La noche es el tiempo de la matriz. Nuestras almas salen a Jugar. La oscuridad todo lo absuelve; cesa la lucha por la identidad y la impresión. Descansamos durante la noche”
-John O’Donohue-

Comprender y dejarse llevar por nuestro ritmo biológico hoy no es fácil, y eso que tenemos un estupendo reloj multicelular genéticamente programado, que libera al menos nueve hormonas para sincronizar nuestro organismo con los ciclos ambientales, sí, como un director de orquesta que dirige y coordina los cambios de ritmo de los músicos. Un estudio de los ritmos viene a considerar la melatonina como el “sincronizador estacional” siendo la luz solar el estimulante por excelencia para que la glándula pineal produzca esta hormona. Su secreción alcanza el máximo por la noche dependiendo de la intensidad de la luz ambiental. Otros factores son el ciclo menstrual, edad, estación del año, tipo de trabajo (diurno/nocturno), stress, ejercicio o ciertos medicamentos.
Desde el punto de vista de la cronobiología, existen tres tipos de personas: las alondras, madrugadores con gran vitalidad, los búhos, vespertinos y trasnochadores y los colibrís que son un término medio. En base a lo anterior se han llegado a numerosas conclusiones, os cuento algunas.
La peor hora para ir al dentista es a las seis de la tarde, pues los mecanismos analgésicos endógenos (por ejemplo, la producción de endorfinas) alcanza su mínimo alrededor de esa hora. Asimismo, la tolerancia al alcohol es mayor por las tardes.
En relación con la alimentación, el mejor momento para asimilar la glucosa es en la mañana, con lo cual las condiciones metabólicas óptimas para bajar de peso son cuando la mayor ingesta se hace durante el desayuno.
En promedio, el máximo rendimiento intelectual se produce entre las 10,00 y las 15,00 horas, y el físico durante la tarde, entre las 16:00 y 17:00 horas, cuando la temperatura corporal es más elevada.
Un mayor índice de errores se encuentra en trabajadores nocturnos alrededor de las tres de la mañana, también después de las horas del almuerzo (se haya o no ingerido alimento).
Algunas de las enfermedades que se presentan mayormente en las mañanas son la artritis reumatoidea (al empezar a moverse), depresión, migraña o el ataque de gota. Por las tardes son frecuentes la ansiedad, osteoartritis, bochornos de la menopausia o la úlcera péptica. Al anochecer es frecuente la dermatitis atópica.

¿Y qué ocurre durante la noche? Desde las tres a las seis de la madrugada, horas determinantes, la temperatura del cuerpo baja y la energía se destina a procesos de recuperación, estamos en el sueño profundo.
Con el sueño el cerebro se depura. Se limpian restos de productos metabólicos que han ido acumulándose durante el día. Esta limpieza hace que nuestras neuronas vivan más tiempo o se dañen menos. Si se duerme poco o el sueño es muy fragmentado, hay menos oportunidades de que las células “barrenderas” que limpian el cerebro funcionen.
El sueño se prepara de día y el día lo preparamos durante el sueño. Y para preparar el sueño durante el día hay que trabajar los buenos hábitos. La desconexión es uno muy importante y la desconexión digital ya ni os cuento.
Que no les quiten el sueño, sí o sí hay que dosificarles las pantallas. Más del 80 % de la hormona del crecimiento (GH) se segrega mientras duermen, el descanso es fundamental para su desarrollo físico e intelectual. Démosles una familia tecno saludable.



 
Jabón de bayas (laurel, rosa canina y espino amarillo). La pastilla quedó bastante dura por el alto porcentaje que lleva de cera de abeja y colofonia. Buena limpieza, abundante espuma y da volumen al pelo, lo aconsejo para cabellos lacios y delgados.


 

miércoles, 21 de octubre de 2020

Jabón de aceite de escaramujo y tintura de copal

 


Amo el otoño y amo su tristeza
su cielo gris, sus árboles borrosos
entre la niebla, vagamente hermosos...
¿no amáis también vosotros la belleza

desnuda del otoño? El alma empieza
a hacerse buena y honda ¡Y qué piadosos
se hacen los viejos sueños ardorosos!
¡Qué humana ahora la naturaleza!

Oh cielo bajo, luz tan tamizada,
luz tan vencida, compasivo empeño
de dar al hombre asilo y sombra amada.

No sé si el mundo es ya triste o risueño.
Dios se ha dormido. El alma está callada.
Se me ha llenado el corazón de sueño.

Sensación de otoño - Vicente Gaos-

Qué bonita poesía. Pero hablemos del jabón. Sus componentes son aceite de oliva, aceite de coco macerado con escaramujo (rosa canina) y otras hierbas que aún me quedan en el jardín (hierbabuena, lavanda y menta), aceite de girasol, cera de abeja y tintura de copal. Quiero recordaros que el aceite de coco es bajo en ácidos grasos, por lo que es uno de los mejores para absorber los principios activos de la planta, siempre y cuando nos interesen las propiedades medicinales de esta y no las del aceite. Para que os hagáis una idea el aceite de oliva tiene un 87,1 % de ácido oleico, el de coco 5,8 %.




"Cada hoja habla de felicidad para mí, agitando los árboles de otoño"
-Emily Bronte-