lunes, 5 de diciembre de 2016

Jabones con oleato de menta piperita y rosas



Con oleato de menta y rosas, karité, manteca de cacao y cera de abeja


Un perfumista español, Alberto Morillas, cumplió una obsesión de esas que sólo Thierry Mugler, estilista y diseñador de grandes estrellas de la música y moda, puede tener. Le encargó una fragancia que le recordara el olor de su piel después de ducharse con un jabón que se había traído de un viaje por Marruecos.
Pero más atrás tenemos a Napoleón, aficionado a los baños y a un jabón aromatizado que se popularizó entre su ejército y que impulsó en aquella época los mejores hábitos de limpieza entre los hombres (las mujeres seguían prefiriendo la leche perfumada)

Oler a jabón ahora está de moda, se quiere prolongar la sensación fresca y limpia de recién salida de la ducha. Tengo una amiga que cada vez que le regalo un jabón me pregunta por los aceites esenciales que lleva para comprárselos, -“es que quiero seguir oliendo igual de fresquita”-. No es mala idea. De hecho yo hago lo mismo… pero no es lo mismo. Oler un jabón es una secuencia de sensaciones. Percibes limpieza, seguido de una débil insinuación de sus aceites esenciales, después -“…Hmmmmmm”- y finalmente sientes, esto que llaman visualización en el tiempo, -“me recuerda a…”-

Y sí, hay perfumes en el mercado con esta vocación, pero nada que ver. Simular los aromas empolvados con notas transparentes y etéreas que tiene el jabón no es fácil. Dediqué un día en curiosear estos perfumes y aunque encontré un par de ellos que me gustaron, para mí que no lograban su finalidad. Algunos resultaban tan empalagosos como sus nombres: “english laundry” (colada inglesa), “laundromat” (lavandería), “fresh laundry” (colada recién recogida), mi visualización se limitaba a un suavizante para la ropa. 

Escuché a alguien decir que “algo huele a limpio cuando no huele a nada” y razón no le falta. La función del jabón natural es limpiar y sanear la piel, el aroma es parte del atractivo inicial pero efímera. Por eso me gusta tanto.





Ninguna casa o "casita" sin adornar 
Felices fiestas



lunes, 24 de octubre de 2016

Jabón con oleato de camelias y rosas


Jabón con aceite de oliva, oleato de girasol con camelias y rosas, manteca de cacao,
agua de manzana y cera de abeja



“Exacerbación estacional”, así se denomina a la renovación de nuestro pelaje de cara al invierno, es que forma parte de nuestra herencia como animales mamíferos que un día fuimos. Vaya esto por delante y sirva de alivio a las que estén preocupadas por la caída de cabello. Acordaos que estamos en otoño y es normal esta pérdida. Volverá a crecer.

Pero sí que en algo nos diferenciamos de los demás mamíferos y es que nuestro ciclo de renovación no es sincronizado. Mientras que algunas especies cambian todo su pelaje de golpe, en nuestro caso la muda es progresiva, de cada 100 pelos hay un 85 % en fase de crecimiento, 1-2 % en fase de reposo y un 13-14 % en fase de caída.

Va a ser, según expertos, que los humanos hemos perdido esta función de protección del pelo en el curso de la evolución y hoy en día su propósito parece que gira en torno a la interacción social: dónde quiero pelo, dónde no.

Los especialistas insisten, y yo también, en que casi todos los cabellos que caen en otoño se recuperan en tres o cuatro meses. Si tenéis pensado tomar suplementos vitamínicos o lociones anticaída (los de la tele), mejor que no, es un ciclo natural y debe seguir su curso: el pelo muere en primavera y cae en otoño, pero otro ya está empujando para nacer, crecerá 1 cm por mes y vivirá 4 o 6 años (en función de parámetros variables como genética, edad, alimentación, salud, etc.). A tener en cuenta el cambio climático, parece que la muda, coincidiendo con éste, se está adelantando un poco.

Hasta aquí no debemos preocuparnos porque forma parte del ciclo biológico, cuando no es así resulta complicado averiguar qué le ocurre a nuestro pelo pues hay cientos de explicaciones que nos confunden y muchos mitos por desmontar.

Analicemos algunos basándonos en consideraciones científicas y en el sentido común:

Lavarse el pelo no está relacionado con la calvicie, sino con la higiene. Ningún problema si se usan productos adecuados.

No es verdad que cepillarse poco o no llevar peinados tirantes evitará la caída. El pelo es muy fuerte, su raíz está a medio centímetro de profundidad y es capaz de aguantar 100 gr sin romperse (gracias a la queratina). Los cabellos que caen son los que están en fase de renovación y casi desprendidos. Irremediablemente se van a perder. No obstante, no hay que ser demasiado persistente con los moños o colas de caballo, al pelo le gusta sentirse suelto y libre.

El secador rompe y debilita el pelo. Depende. La temperatura del aparato y frecuencia de uso pueden maltratarlo y causar daño directo a la raíz. Hay que manejarlo con precaución. Y cuidado al secarnos con la toalla. El cabello cuando está húmedo se hincha absorbiendo casi un 30 % de su peso en agua, si lo friccionamos podría lastimarse y llegar a romperse. Lo aconsejable es presionar suavemente las puntas de abajo hacia arriba. Desenredar con peine de dientes anchos para evitar que se entrecorte y quiebre. Tirones NO

La utilización de tintes no afecta al cuero cabelludo, no se nos va a caer, pero va a dañar sus cualidades. Es recomendable el uso de tintes orgánicos.

La herencia (lo que traemos al nacer) o predisposición hereditaria (características latentes en el organismo, que según la forma de vida, pueden ser anticipadas, postergadas o superadas) son causas frecuentes de la pérdida del cabello.

Es verdad que a las embarazadas se les cae el cabello después de dar a luz. Pero es que en los meses de gestación el pelo permanece en la etapa de descanso y apenas se pierde, está luminoso y con más volumen debido a la progesterona, o sea, cuestión hormonal. En seis meses, después del parto, se habrá normalizado.

Cortarse el pelo no es garantía para que crezca saludable y fuerte. Visualmente tendrá una apariencia más sana pero no recupera la calidad. Hay que trabajar la raíz, la parte viva del cabello. Igualmente nunca hay que descuidar las puntas y si no queremos cortar tendremos que mantenerlas muy nutridas para evitar roturas y lucir un pelo con aspecto sano y prolijo.

Cepillar y masajear el cabello es un hábito muy pero que muy saludable. Airea el pelo y activa la circulación. El masaje se da desde la nuca hacia la frente y desde las orejas hacia la cima de la cabeza, siguiendo el sentido de la circulación sanguínea.

El análisis podría ser más largo pero ya quiero acabar, no sin comentaros un enfoque, nada científico pero avalado por muchísimas voces de estilistas: la luna influye a la hora de cortarse el pelo y cualquier tratamiento es más eficaz si se tiene en cuenta el calendario lunar. En luna nueva se desaconseja cortarlo. Para que crezca rápido en cuarto creciente. Luna llena para un crecimiento sano y cuarto menguante para retardar el crecimiento. Los tratamientos de cuidado y acondicionadores son especialmente eficaces entre la fase de luna nueva y luna llena.

¿Será verdad?



"No ando despeinada sino que mis cabellos tienen libertad de expresión." Mafalda.


Bálsamo capilar de miel


miércoles, 28 de septiembre de 2016

Jabones de oliva y sésamo. Con agua de manzana


Todavía son muchos a los que les cuesta comprender y dejarse llevar por nuestro ritmo biológico. Con las plantas lo podemos entender rápido: las hojas se levantan al empezar el día y se bajan al anochecer, el girasol tuerce su tallo para “plantarle” cara al sol y microorganismos tan simples como bacterias y algas tienen su propio ciclo a diario.

Y nosotros? Un estudio de los ritmos viene a considerar a la melatonina como el “sincronizador estacional” siendo la luz solar el estimulante por excelencia para que la glándula pineal produzca esta hormona. Su secreción alcanza el máximo por la noche dependiendo de la intensidad de la luz ambiental. Otros factores son el ciclo menstrual, edad, estación del año, tipo de trabajo (diurno/nocturno), stress, ejercicio o ciertos medicamentos.

Pues siguiendo con el estudio esto es lo que ocurre en el día a día, de estación en estación:

Desde el punto de vista de la Cronobiología, existen 2 tipos de personas: los Madrugadores y los Noctámbulos. Los primeros, funcionan mejor en la mañana, siendo lo contrario para los otros, y viceversa. En base a todo lo anterior, se ha descubierto que “la peor” hora para ir al dentista es a las 6 p.m., pues los mecanismos analgésicos endógenos (como por ejemplo, la producción de endorfinas) alcanza su “mínimo” alrededor de esa hora. Asimismo, la tolerancia al alcohol es “mayor” en las tardes. En relación a la alimentación, la “mejor” hora para asimilar la glucosa es en la mañana, por lo cual las condiciones metabólicas óptimas para bajar de peso se presentan cuando la mayor ingesta se hace durante el desayuno. En promedio, el “máximo” rendimiento intelectual se produce entre las 10 a.m. y las 3 p.m. Por otro lado, el “máximo” rendimiento físico se presenta en las tardes. El “mayor “índice de errores se presenta en trabajadores nocturnos alrededor de las 3 de la mañana; asimismo, después de las horas del almuerzo (se hayan o no ingerido alimentos). En las personas que vuelan a otro meridiano, su organismo a veces tarda hasta una semana en adaptarse al nuevo horario.

Algunas de las enfermedades que se presentan “mayormente” en las (a) Mañanas : Artritis reumatoidea (al empezar a moverse), depresión, epilepsia (ciertos casos), fiebre del heno, hipertensión esencial (después del mediodía), migraña, úlcera péptica (temprano), embolia cerebral, infarto del miocardio, angina de pecho, ataque de gota (temprano), bochornos de la menopausia, y rinitis alérgica; (b) Tardes: Ansiedad e hipertensión esencial , osteoartritis, bochornos de la menopausia, úlcera péptica¸(c) atardecer: Ansiedad, bochornos de la menopausia, dermatitis atópica, infarto del miocardio (al empezar el atardecer), intento de suicidio. (d) Noches: Asma, cólico biliar, dermatitis atópica, epilepsia (ciertos casos), y úlcera péptica; (e) Lunes: Infarto del miocardio; (f) Primavera: Migrañas, rinitis alérgica. (g)Verano: Asma. (h) Otoño: Asma, artritis, infarto del miocardio; (i) Invierno: Artritis, depresión/suicidio, infarto del miocardio, rinitis alérgica, seminoma del testículo. Los cirujanos de Florida encontraron que las hemorragias en las amigdalectomías son “mayores durante el 2º. Cuarto de la Luna”.

El jabón lleva un poco de otoño para no perder el ritmo: aceite de oliva macerado con membrillo y manzana, aceite de sésamo, karité, cera de abeja y agua de manzana.







Bienvenido Otoño


lunes, 26 de septiembre de 2016

Jabón y gel de manzana


 Oliva, karité, cera, agua de manzana y arcilla rosa

Aunque este blog básicamente está enfocado en el cuidado de las pieles normales, más que nada porque así es la mía y me gusta contaros lo que sé desde mi experiencia, en ocasiones dejo caer algún tema puntual que me parece interesante y que habéis vivido alguna de vosotras. No sabéis cómo se aprende escuchándoos.

Ya sé que sois muchas las que tenéis problemas de piel, sea por exceso de grasa, sequedad, acné, manchas, rojeces… y que no encontráis mejoría a pesar de los muchos tratamientos a los que os sometéis.

Una chica me hablaba desesperada de su piel grasa, achacando su mal carácter a este problema. La conozco porque utiliza mis jabones y quería probar con alguna crema. La primera pregunta que le hice fue si utilizaba el jabón para limpiarse el cutis. Me dijo que sí, todos los días. La segunda si usaba crema nutritiva, contestó “sss…i” con una mirada entre interrogativa y culpable: - “crema hay que echarse ¿no?”-

Este es el tema: elegir el producto adecuado y cómo usarlo.

La piel está diseñada para lubricarse con aceite, lo produce y lo regula ella misma, en un equilibrio perfecto que a veces se rompe, favoreciendo la sequedad, o todo lo contrario, el exceso de grasa. En este último caso los poros tienden a abrirse al llenarse de secreciones grasosas, siendo las causas principales el factor hormonal o genético. El estrés, mala alimentación y mal cuidado de la piel empeoran el problema.

¿Qué hacer?

Lo primero revisar la alimentación. Importante nutrirse e hidratarse por dentro.

Segundo la limpieza. Jabones poco o nada. Lo del efecto rebote es cierto, si la piel la dejamos excesivamente seca responderá produciendo más grasa para compensar esta carencia. La mejor limpieza es con aceite, sí, es que es un disolvente, va a deshacer “nuestro aceite” que se ha endurecido con impurezas y se encuentra atrapado en los poros (puntos negros). El aceite de ricino es el que aconsejo, diluido en otro más ligero como el de girasol, oliva,… bueno, aquí es el momento de explorar vosotras mismas el tipo de aceite que os sienta bien, cada piel es mundo. Pero que sean de calidad, necesitamos que nos dejen todas sus propiedades.

Una, o en casos severos, dos veces al día hay que limpiar el rostro, extendiendo la mezcla suavemente masajeando un ratito. Retirar con una gasa bien humedecida en agua templada-caliente, procurando que la piel quede sin brillos y suave, satinada. Tan simple y fácil como efectivo, pero daros tiempo y paciencia que la cosmética natural funciona así.

En un principio esto es suficiente, de a poco se puede incorporar algún gel o tónico para hidratar que apenas contenga aceite o esté libre de él. Alcohol nada. Y más adelante si os gusta mucho la limpieza con jabón, os podéis hacer un agua jabonosa o agua micelar, siempre que lleve, ésta última, ingredientes muy suaves.

Voy con las recetas

De la limpiadora:
70 gr. aceite de girasol
30 gr. aceite de ricino
4 gotas de aceite esencial de árbol de té
4 gotas de aceite esencial de lavanda

Del gel hidratante:

100 gr. agua destilada. Podéis enriquecerlo con aguas florales (lavanda o rosas). En este caso lo hice con agua de manzana
10 gr. de aceite de jojoba
5 gr. de gel aloe vera
0,5 gr. de goma xantana
4 gotas de aceite esencial de árbol de té
4 gotas de aceite esencial de lavanda
Disolver la goma xantana en 20 gr. de agua removiendo con una cucharita, si tenéis batidor de leche, mejor, y de a poco incorporar el resto. Añadir el aceite vegetal, el aloe vera y los esenciales, remover.
Esta emulsión podéis hacerla sin la goma xantana. Será igual de rica sólo que no es estable y tendréis que agitarla cada vez que la uséis.
Aplicarlo una vez al día, por la noche si la limpieza la hacéis por la mañana, o al revés.

Del agua micelar:
100 gr. agua jabonosa (con jabón natural rallado -5%)
5 gr. glicerina vegetal o de aceite de ricino
3 gotas de vinagre de manzana
4 gotas de aceite esencial de árbol de té
4 gotas de aceite esencial de lavanda

No hace falta aclarar, como queráis.
Esta limpieza podéis hacerla dos o tres veces por semana, alternado con la de aceite.


Cada quince días preparaos una mascarilla de arcilla, es muy aconsejable en estas pieles. Y los baños de vapor… un clásico que funciona!