miércoles, 28 de junio de 2017

De camelias

Crema nutritiva: aceite de girasol bio macerado con camelias,
aceite de coco, hidrolato de lavanda y cera de abeja

Jabones de aceite de oliva virgen extra macerado con camelias, manteca de cacao,
hidrolato de lavanda y cera de abeja


"Cuando yo debuté como maiko (aprendiz de geisha) pesaba 40 kilos y mi quimono 22. Tenía que sostenerme con todo el atuendo y de manera impecable sobre unas sandalias de madera de 12 centímetros de altura".
“La sola idea de que las casas de geishas son antros de perdición es ridícula, ya que los hombres apenas si pueden entrar en estos bastiones de la sociedad femenina y, mucho menos, alternar con las mujeres”. - Mineko Iwasaki (Popular geisha durante la década de los 70 del siglo pasado)

“El mundo de la flor y el sauce” es el nombre con el que se conoce en Japón al universo de las geishas. Estas mujeres con sus rostros blanquecinos, sus labios de rojo brillante, sus elaborados peinados y sus vistosos kimonos han estado rodeadas de un aura de misterio, tanto para los japoneses como para el resto del mundo y su trabajo está muchas veces mal asociado a la prostitución debido, en gran medida, al mutismo impuesto por su propia tradición.

Su nombre deriva de dos ideogramas chinos que significan "arte" y "persona", algo así como "la persona que domina todas las artes". La belleza era secundaria, lo que importaba era la agudeza y fluidez de su conversación. Su preparación demoraba años y no se limitaba a la complicada ceremonia del té; cuando pocos sabían leer y escribir, ellas dominaban historia, arte y matemática, además de un profundo conocimiento de las artes tradicionales japonesas como el canto, baile y guitarra. También eran expertas en política y relaciones públicas, muchos negocios dependían de su diplomacia y capacidad para resolver situaciones difíciles.
Recopilaban información acerca de las personas a quienes iban a entretener. Si uno de los clientes era un político, la geiko en cuestión estudiaba la legislatura que aquél defendía; si se trataba de una actriz, leía algún artículo sobre ella en una revista; si era un cantante, escuchaba sus discos. O leía su novela. O estudiaba el país de donde procedía.

Mucho trabajo y entrega detrás de estas mujeres que dedicaban largas y pesadas horas en vestirse. El maquillaje, una capa espesa de color blanco, tenía que cubrir rostro y cuello, también se pintaban la nuca, que era considerada la parte más seductora. Después de colocarse la pasta blanca, pasaban un trozo de madera quemada para ennegrecer las cejas y delineaban los ojos con pintura roja para resaltarlos. De rojo también pintaban las mejillas y los labios. Untaban el cabello con un ungüento grasoso que le daba brillo y lo mantenía tirante y bien peinado durante una semana, durmiendo con el cuello sobre unos reposaderos pequeños (takamakura), en lugar de almohadas, así de esta forma podían mantener el peinado perfecto. Para reforzar este hábito, sus mentores colocaban polvo de arroz alrededor de la base de apoyo, si las geishas volvían la cabeza lateralmente mientras dormían, el arroz se pegaba al pelo y a la cara y tenían que volver a peinarse. 
Se vestían con interminables kimonos a modo de enaguas y sobre ellos el de geisha. Finalmente, una faja que podía llegar a medir cuatro metros de larga envuelta fuertemente a la cintura. Hay mucho más pero no quiero extenderme.

Pues, curiosamente las geishas eran el grupo femenino más emancipado de todo Japón. Es cierto que su trabajo les obligaba a satisfacer siempre a sus clientes masculinos, de una forma intelectual, artística y por supuesto agradable para la vista, pero detrás de todo esto, las geishas eran de las pocas mujeres económicamente independientes que había en Japón y de las pocas que podían reclamar posiciones de autoridad e influencia, lejos de las paredes del hogar. Hoy son portadoras y guardianas de una larga tradición en una sociedad japonesa actualmente muy moderna.

Y para acabar, si alguna de vosotras queréis ser geisha por un día, os dejo sus diez mandamientos para ser perfecta:
1. Sé humilde. Nunca discutas, deja que el hombre siempre gane.
2. Actúa. Susúrrale lo inteligente que es, siempre de una forma muy femenina. Él se reirá, porque sabe que es una actuación, pero se sentirá halagado de todos modos.
3. Los hombres tienen el corazón de un niño. Cuando un hombre hace algo bien, no escatimes elogios, pero siempre ignora o excusa sus fallos. Una geisha no le asusta, ni le reta ni le desautoriza, sólo le cuida.
4. Los hombres necesitan mimos e indulgencia. Céntrate en el bienestar del hombre, no en el tuyo propio. Si le haces feliz, tú también serás feliz.
5. No uses el maquillaje para ser más hermosa, ya eres hermosa, sino para ser más misteriosa, más seductora y para ser lo que quieras ser.
6. Sé modesta. Mantener el misterio es más seductor que revelarlo todo, cubrirse resulta más atrayente que mostrar demasiada piel. Deja algo a la imaginación, sé sutil.
7. Flirtea. En el mundo de las geishas, el flirteo es un juego y una forma de arte, pero sólo un tonto creería que significa algo.
8. “Una mujer inteligente nunca deja que un hombre sepa lo inteligente que es”. Los hombres quieren la compañía femenina para relajarse, no para discutir noticias de economía. Les gusta que el tiempo que pasan con una mujer sea diverso. Un espacio para jugar, fantasear, soñar...
9. Sé perfecta. Haz todo con precisión y cuidado, incluso algo tan sencillo como preparar una taza de té.
10. Disfruta del sexo. Libre, sin culpa y con una actitud desinhibida.

Mascarilla facial tonificante: polvos de naranja amarga, pétalos de rosa de damasco
en polvo, almidón de arroz y unas gotitas de aceite de rosa y aceite de camelia



lunes, 22 de mayo de 2017

Jabones de aceite de oliva virgen extra


-¿Éste aceite para hacer jabones?!!!!- me preguntaba la encargada de una cooperativa olivarera situada en las afueras de Jaén -¿y no lo haces con aceite usado?- Antes de que pudiera contestarle se adelantó uno de mis hermanos y le enseñó con su móvil (el mío es viejiiiiiísimo y no tengo internet) algunas de las fotografías del blog. Mientras se las mostraba le explicaba la mar de bien cómo es mi trabajo haciendo hincapié en los productos que utilizo. La chica ya nos miró con otra cara, sonrió y me pidió el favor de enviarle algún jabón que hiciera con su aceite. Del viaje a Jaén han pasado ya algunos meses y os puedo decir que mereció la pena desviarnos un poco de la ruta para comprarlo. Es excelente, fruta en estado puro, ligeramente amargo y picante con un color verde intenso indicativo de aceitunas con un grado de maduración corta, rica en clorofila, los tonos amarillos-dorados son de recolección tardía, tienen mayor cantidad de carotenos responsables del color y su sabor es más dulce. Clorofilas transformándose en carotenos, del verde menta al amarillo pálido, todo un abanico de colores para nuestros jabones sin necesidad de colorantes.

Yo no tengo preferencias por el color del aceite, compro el que me ofrezca mejor calidad-precio, aunque a veces sí que lo considero pues para sacar el crema o rosa suave necesito que sea amarillo pálido. Salvo esta excepción, me encanta cómo juega el jabón dándome tonos inesperados.

Mirad la foto, el jabón del centro, que parece que lleva dióxido de titanio (colorante blanco) pero no tiene, lo hice con un aceite de oliva virgen muy claro en tonalidades amarillas, los de los extremos, virgen extra, con el de Jaén. Todos llevan los mismos ingredientes, los mismos porcentajes y la misma elaboración lo único que cambia es el aceite (si os fijáis el de la izquierda tira más a verde que el de la derecha y es porque son de distinta cosecha)

Pero el color no nos debe influir si buscamos un aceite de calidad, sólo es un indicativo de la cantidad de clorofila o caroteno que lleva, por esto los catadores profesionales utilizan copas de vidrio coloreado para que la tonalidad no influya en su decisión a la hora de valorar el aceite. Y ¿cómo saber si es de calidad?

Es importante atender a criterios de producción, aquellos que se han obtenido mediante primera presión, con prensa hidráulica a menos de 27ºC, o extracción en frío por filtración o centrifugación de la pasta de aceitunas a la misma temperatura, son los de mayor calidad. El virgen extra no tiene defecto, pero cuando se le se detecta alguna falla de estabilidad pierde la palabra “extra”. También se diferencian en su grado de acidez: 0,8º como máximo para el virgen extra y 2,0º para el virgen.
El aceite de oliva, sin más, con los apellidos de suave o intenso, es una mezcla de aceites de oliva vírgenes con refinados a partir de aceites defectuosos (lampantes), obtenido en procesos químicos o térmicos, que ha perdido gran parte de los compuestos orgánicos y antioxidantes naturales presentes en los aceites de calidad superior.
Las categorías de estos aceites son: aceitunas verdes, en envero, maduras, caídas al suelo y podridas. El virgen extra englobaría a las tres primeras, el virgen se correspondería con la tercera y cuarta y el lampante con la cuarta y quinta.

Con esta información deberíamos tener claro qué aceite vamos a utilizar en nuestro consumo alimentario. Para el jabón, un aceite refinado no le va a ir mal, pero un virgen o extra virgen lo convierte en algo muy especial.







"Siembra un acto y cosecharás un hábito. Siembra un hábito y cosecharás un carácter. Siembra un carácter y cosecharás un destino" - Charles Reade

Qué preciosas semillitas y qué hermoso verlas crecer. Deseando recoger lo que hemos sembrado

jueves, 4 de mayo de 2017

Cuenquitos para velas hechos con cera virgen y flores secas





Pensando qué podría hacer con toda la cera de abeja que me sobra, pregunté al buscador por alguna manualidad que empleara este material y encontré estos cuenquitos para velas rechulos, que además van adornados con flores secas, de las que tengo también sobreabastecimiento.

La manualidad consiste en rellenar un globo con agua tibia del grifo e introducirlo en cera fundida (se utiliza también parafina), cuentas unos segundos y lo sacas, despacio. Lo apoyas ligeramente en la encimera donde has puesto papel encerado (para dejar plana la base), esperas a que enfríe (en un minuto está) y lo vuelves a introducir en la cera, así cinco o seis veces. Finalmente dejamos el globo reposando sobre el papel y ya frío lo colocamos boca abajo en el fregadero para pincharlo.
Ahora toca nivelar la parte superior del cuenco. En una sartén caliente lo colocamos hacia abajo y derretimos los bordes hasta encontrar el nivel. 

Me sorprendió que un globo pudiera resistir la temperatura tan alta que coge la cera al fundirse y me vino a la cabeza la idea de que pudiera explotar, pero las explicaciones eran claras y el riesgo pequeño si se hacía correctamente. 
El primero me salió perfecto, el de la foto, el segundo explotó y me tiré un tiempito limpiando las salpicaduras. Conseguí hacer cuatro de siete intentos.

Acabé cansada pero contenta del resultado. Y con algunas conclusiones para otra próxima vez:

Primera: no sumergir el globo más arriba del nivel del agua.
Segunda: la cera no debe estar muy caliente.
Tercera: nivelar bien el globo cada vez que lo apoyemos sobre el papel para que no quede torcido.
Cuarta: el diámetro de la boca del cuenco no debe ser inferior a 10 cm., así no se corre el riesgo de que la vela pueda calentar los bordes.
Quinta: si estalla el globo dentro del recipiente con cera dejarlo tal cual y esperar a que enfríe. La cera se separará del agua y podremos recuperarla.
Sexta: las primeras veces, hasta que cojamos práctica, colocar el recipiente en el fregadero, si explota las salpicaduras no llegarán a la puerta de la cocina.

Estas deducciones que algunas venían bien explicadas en el manual, las novatas a veces las pasamos por alto, pero bueno, las suplimos con la perseverancia.

Los cuencos los adorné con flores secas pegadas con cola.







martes, 18 de abril de 2017

Un bálsamo de karité para un jabón de lavanda

Bálsamo de aceite de lavanda y rosas, aceite de coco, karité y cera de abeja

No soy de cremas corporales, las hago porque sé que a vosotras os gustan, son tan fáciles, tan agradables de aplicar, y porque en ocasiones, a pesar de mis preferencias (aceites o bálsamos), me apetece usarlas. Hay una especialmente buena que aunque no lleva cera de abeja (ingrediente incondicional en mis productos) reconozco y entiendo que sea una de vuestras favoritas. Tiene una textura excelente, penetra rápido y deja la piel sedosa nada más extenderla. Está hecha con cera protelan (autoemulsionante de base vegetal), aceites macerados biológicos, hidrolato de plantas, glicerina y conservante.
Elaborar una crema con este tipo de cera apenas requiere conocimientos, liga siempre y no hay que calentar la fase acuosa, por lo que las propiedades del hidrolato llegan intactas. Otra ventaja es que se pueden conseguir emulsiones muy ligeras o cremas espesas y además no sólo es un vehículo para unir componentes activos, es un activo en sí mismo.

¿Y por qué me gustan más los bálsamos?

Porque soy muy básica. En cocina o en cosmética prefiero no mezclar demasiados ingredientes. Para la cara, un aceite, para el cuerpo un bálsamo y para el cabello cualquiera de los dos anteriores. Siempre con la piel húmeda, digamos que agua y aceite los emulsiono directamente sobre mi piel. Y voy cambiando de principios activos por temporadas, según me dé.
Al bálsamo, de aceites y cera, le añado en ocasiones alguna manteca, pero sólo con estos dos componentes y el agua de la ducha puedo conseguir la piel que quiero, propiedades le sobran.
La textura y aplicación, bueno, resulta más denso que una crema pero a los diez minutos de extenderlo la piel lo ha absorbido y le ha dejado un satinado que, apreciación mía, es muy difícil superar. Y a largo plazo… es una joya: sencillo, efectivo, natural.
Hay algo más, las cremas llevan agua, en baja o alta proporción debemos añadir un conservante si no la vamos a usar pronto, un bálsamo no lo necesita.

¿Y por qué prefiero la cera de abeja a las ceras vegetales?
Porque la sensación que me deja es de armonía y equilibrio con la piel, una afinidad total que le permite transpirar a pesar de ser tan untuosa. Claro que, como todo, es encontrar ese punto adecuado que necesita nuestra piel para no sentirse grasa. Es cuestión de cantidades, nada más.
Aceite de lavanda y rosas, aceite de coco, karité y cera de abeja




“Te siento cuando te toco y, cuando no te toco, también te siento. ¿Qué tienes en la piel?” – Roberto Fontanarrosa



lunes, 13 de marzo de 2017

Jabones de sal con karité y macerado de plantas (romero, manzana y membrillo)






“La diosa Naturaleza

Prolifera últimamente en las redes sociales un tipo de usuario preocupado por el medioambiente pero en general poco informado y/o con opiniones radicales, que disfruta abrazando tópicos como el tremendismo apocalíptico o la visión “Disney” de la Naturaleza. Son personas que no dudan en calificar al ser humano de “malvado”, “irresponsable”, “voraz”, “tarado”, “asesino” y lindezas similares por su comportamiento con el entorno, metiendo a todo el mundo en el mismo saco y advirtiendo de la casi inminente destrucción del planeta.

Es cierto que a estas alturas del siglo XXI hemos desarrollado una capacidad, difícil de imaginar hace poco, para perjudicar amplias zonas de la Tierra, por ejemplo a través de la contaminación masiva o de armas nucleares. Sin embargo, siempre me ha parecido un acto de absoluta soberbia intelectual (tan típico del homo sapiens) esa fábula de aires indigenistas según la cual podemos medirnos de tú a tú con la Naturaleza, como si ésta fuera realmente esa abuelita amorosa e indefensa que soporta en silencio cualquier desmán de su nieto.

No es así, la Naturaleza puede mostrarse de muchas formas, pero es justa e implacable, carece de favoritismos. No puede ser de otra manera, ya que se basa en el equilibrio. Existen leyes naturales, que a veces contradicen las inventadas por la cultura y a la larga terminan prevaleciendo por la sencilla razón de que no existimos al margen de la Naturaleza: somos un mero fragmento del conjunto general, por muy importantes que nos creamos. Ergo, si alguna vez logramos atentar de verdad contra ese equilibrio, ella nos destruirá sin contemplaciones. Como lo ha hecho antes con otras muchas especies y como lo hará en el futuro con otras tantas.

Éste debería ser el más poderoso de los argumentos para proteger y respetar nuestro entorno, tanto en el caso de las personas insensibles a las que les trae sin cuidado la conservación medioambiental como en el de aquellas cuya motivación nace del amor hacia el planeta, hacia la misma vida.

Por ello urge recuperar nuestra posición real en el decorado y comprender a qué nos obliga, pues la existencia del ser humano tiene un sentido dentro del equilibrio citado, aunque todavía no comprendamos bien cuál es. La búsqueda de esa razón última es un juego apasionante que nuestros ancestros cantaron en cuentos y leyendas en los que el héroe (el ser humano) buscaba el tesoro (el sentido de su vida) con la ayuda de protectores mágicos como enanos, elfos, magos o seres del otro mundo (simbolizando todos ellos a la propia Naturaleza)”

Pedro Pablo G. May (escritor y periodista ambiental)

Y una receta para un planeta más habitable, del mismo escritor: 

“Lo más urgente, con diferencia, es la educación medioambiental de las jóvenes generaciones: potenciarla y multiplicarla por todo el mundo, no sólo en los países occidentales. Cualquier otra medida que queramos tomar no es más que un parche mientras la gente no comprenda mayoritariamente que es esencial cuidar nuestro entorno. Sólo se protege lo que se ama y sólo se ama lo que se conoce”

Con lo fácil que es quererla!!





lunes, 6 de marzo de 2017

Renovando envoltorios




Buscaba en las redes un tutorial para cajitas de regalo y cambiarle el look al envoltorio de este jabón. Aparecieron cientos y ya empecé a agobiarme, suerte que di enseguida con uno bastante simple donde casi se hacen solas, pocos utensilios y reciclados. Pero al terminar la cuarta caja ya me aburrí y me lancé al “menos fácil todavía”. Acabé comprando todos los materiales que se me antojaron para mejorarlas. La quinta es la que veis y las siguientes algo más trabajadas para los jabones de cuerpo, igualmente os las enseñaré en otra entrada. En fin, no hay mucho más que decir, que el jabón encajó perfectamente en la cajita que decoré con papel de flores, fiel a mi estilo.

Echad un vistazo al vídeo, aunque sea por curiosidad



El jabón, hoy relegado a un segundo puesto, lleva SCI (tensioactivo), aceite de menta, aceite de coco, almidón de maíz y aceite esencial de té verde.




lunes, 13 de febrero de 2017

Jabones de oliva y girasol macerados con anís y melisa




La ética de la cosmética, también en la certificada

La cosmética econatural certificada es garantía de la no utilización de los ingredientes de síntesis más controvertidos vetados por los sellos de certificación. Esto es un argumento muy importante para las personas con la piel más sensible y también para todas aquellas donde la protección de la salud es un buen motivo para decidir su compra.
Pero más allá de la salud, cualquier actividad económica tiene su lado más oscuro y debemos ser conscientes para decidir entre las muchas ofertas de cosmética certificada que encontramos en el mercado hoy en día.
Hacer un uso responsable de los cosméticos no debería limitarse a la seguridad para la salud del consumidor. Porque ecológico es un concepto mucho más amplio que remite indefectiblemente al respeto por el medio. Así, convendría tomar conciencia del impacto que la creciente industria de la cosmética econatural tiene sobre el medio.
Por ejemplo:

. El crecimiento y la difusión de los ingredientes naturales están provocando la industrialización de la actividad. Esto significa destinar cada vez más tierras al cultivo de determinadas especies con el agravante de que no siempre son autóctonas. Si el productor mira por el rendimiento de la planta es muy posible que elija el cultivo en función precisamente de este rendimiento, más que de la tradición o del respeto por las especies autóctonas.

. El hecho de que un gran número de plantas rentables para la industria cosmética sean autóctonas de países en desarrollo hace que tengamos que ser muy cuidadosos a la hora de calificar de ecológicos sus derivados, sean fitoextractos, aceites esenciales o aceites vegetales. Algunas especies han sido o están en peligro de extinción por maneras de hacer poco ecológicas.

. La cosmética econatural también debería mirar la ética, la sostenibilidad, la responsabilidad social y la ecología.

. Por último, no debe olvidarse que bastantes marcas de cosmética econatural pertenecen a grandes empresas de cosmética convencional que han querido aprovechar un nicho de mercado. Sin poner en duda la calidad de sus productos, debemos ser conscientes de que los beneficios de sus ventas van a parar a sus mismas manos.

Por suerte, tenemos empresas, pequeñas y medianas, que son ejemplo de integración de su actividad económica con el máximo respeto por el medio ambiente y las personas Por ello tienen mucho cuidado de la trazabilidad de todos los ingredientes que incorporan en sus cosméticos ofreciendo un producto de gran calidad ética y ecológica.


Montse Escutia (Co-Fundadora del Proyecto Red Ecoestética Asociación Vida Sana)






lunes, 16 de enero de 2017

Jabón y crema de aceite de rosas y esencia de orquídea venus

Aceite de oliva macerado con rosas, hidrolato de rosas y esencia de orquídea venus

“Cada espejo, cada pantalla, cada escaparate es un lugar en el que nos vemos, miramos y comparamos. Son los jueces insobornables de la belleza y la fealdad. Tan mágicos y sinceros como taimados y peligrosos. Y hay tantos, y tan al alcance de cualquiera, que es inevitable contemplarse en ellos, y lo peor es que lo que vemos casi nunca nos satisface plenamente”
(Jesús J. de la Gándara)


Rarísimo que no sea nuestra imagen lo primero que nos llama la atención cuando pasamos por un escaparate, mirar a través del cristal, que también nos encanta, está en un segundo término. Y más extraño aún es que en una reunión de cinco amigas, tres de ellas, incluida yo, confiesen que dejaron atrás esa dependencia. Después de reírnos un rato, explicamos a las que aún siguen siendo adictas a cualquier superficie que devuelva su imagen, que como el espejo de casa no hay otro. Es nuestro “espejito, espejito…”, el que nos da el último visto bueno antes de salir y el primero al regresar. Sólo coqueteamos con él.
 –“¿Por queeeeeeé?- Pues porque hay mucho engaño por ahí fuera, cientos de ilusiones ópticas que nos acechan nada más salir. Espejos cóncavos, espejos convexos, juegos de espejos, juegos de sombras, combinaciones de luces, … ¿Qué sentís cuando os miráis en el cristal de la puerta delantera de un coche o en un espejo retrovisor?, a mí la imagen se me clava en la mente y tardo días en recuperar la autoestima, vaya, que a cierta edad no se está para sustos, tema de salud mental.

Al hilo de esto son interesantes las declaraciones de un personaje televisivo, Mario Vaquerizo, que aunque casi siempre me dejan muy confundida, en esta ocasión coincido totalmente con él. Fue en el programa “El Hormiguero”, allí vino a corroborar lo que os contaba anteriormente. Dice que siempre antes de salir de casa la última mirada es para su espejo, pone caras y elige la mejor, luego la interioriza y así de estupendo proyecta esa imagen, cargada de autoestima, a los demás.
Se consigue pero hay que practicar un poco. 

El jabón lleva unas gotas de orquídea venus (esencia), un refuerzo, según mi prima Mariví (experta y apasionada de esta planta), que estimula las características femeninas de nuestra personalidad y estabiliza nuestro lado femenino. Por supuesto, donde mejor funciona es en cremas, que siempre acompaño con este jabón.




Qué adulador!   Y me lo dice todos los días!!