domingo, 6 de agosto de 2017

Camomila, lavanda y caléndula


El mes pasado mientras buscaba un bikini para estos días de playa encontré un bañador ideal. Era sencillo, en tono marfil y forma clásica con cierto estilo retro, pero llamaba la atención la muselina de seda supertransparente-vaporosa que le envolvía, acabando en una insinuación de faldita alta. Y, aunque no soy de bañadores, me lo probé. Sentaba rebien pero no lo bastante para cambiarlo por el biquini, que para mí sigue siendo la prenda de baño más cómoda, ya sabéis “cómodas y guapas, dos veces guapas” (en este orden). Pues eso, que mientras me miraba en el espejo recordé aquellos bañadores del año “catapún” y a las chicas Pin Up.

Allá por el siglo XIX ir a la playa era un rito reservado a los enfermos ya que los baños en el mar se consideraban terapéuticos; aprovechaban los elementos del medio marino bajo supervisión médica. Pero con la llegada del siglo XX fueron las mujeres las primeras en descubrir las posibilidades del mar como lugar de ocio, en el que se podían liberar de la tiranía de los vestidos y los corsés de la época, un cambio en cuanto a la propia relación con su cuerpo y una relajación de las costumbres. La playa comenzó a ser un lugar que decía de la sociedad más de lo que parecía.

En los años 20 comenzamos a sustituir los incómodos y antiestéticos camisones y pololos por el clásico bañador, aunque con perneras y escotes pocos pronunciados (había un hombre en las playas -el Medidor de Bañadores- que se encargaba de vigilar que las mujeres no enseñasen más de 15 cm de muslo). La pega es que el tejido era de lana y al mojarse podía llegar a pesar unos tres kilos (hasta 1960 que llegó la lycra).

Dos son las mujeres señaladas como precursoras de la piel bronceada: Coco Chanel y Josephine Baker.
La diseñadora cambiaba el concepto de moreno y marcaba una vez más tendencia. Sus fotos con un inusual bronceado, fruto del descuido en un yate, fue todo un revuelo y el “estar moreno” cobró una nueva dimensión, ya no se relacionaba con las personas que trabajaban en el campo, sino con un nuevo estilo de vida. Las mujeres de la burguesía se lanzaron a las playas para imitar su color tostado.

La actriz afroamericana, Josephine Baker, era “La mujer de la piel de caramelo”. Fue imitada por una legión de seguidoras enamoradas de su hermosa piel color bronce natural.

A finales de los 40 llegó la revolución. Rompimos duros esquemas sociales y empezamos a marcar la silueta con sugerentes trajes de baño, aún reforzados con ballenas para estilizar y modelar el cuerpo. Pero el acontecimiento más importante fue en 1946 cuando el ingeniero de automóviles Louis Réard inventó el primer bañador de dos piezas. La prenda resultó tan escandalosa (enseñar el ombligo era tabú), que ninguna modelo quiso lucirla, y su creador tuvo que contratar a la stripper Michelle Bernardine, quien le dijo: “Su bañador va a ser más explosivo que la bomba de Bikini”, en alusión a las pruebas nucleares realizadas en dicho atolón del Pacífico.

Y lo fue. En 1953 Brigitte Bardot posó en bikini durante el festival de Cannes. La prenda, que aún no estaba socialmente aceptadaconquistó a las masas. Se afianzó con Ursula Andress en la película “Agente 007 contra Dr. No”, inolvidable sus dos piezas. Y una más, Raquel Welch con un proto-bikini en la película “Hace Un Millón de Años”, todo un clásico de la bikinilogia.

En 2050, quién sabe ¿el bañador soluble? La moda da tantos bandazos que no me extrañaría que se volviera a los pijamas acuáticos.

Pues, el repaso que os he hecho de nuestras antepasadas en la moda baño no era de lo que quería hablaros en esta entrada, nada que ver, pero… se me fue la olla con el biquini. Iba a contaros las dudas que tengo sobre las cremas protectoras y de mi experiencia con ellas. Será en otra ocasión.

El jabón y la barrita los hice con manzanilla, lavanda y caléndula, es que necesito llevarme el campo a la playa, no puedo vivir sin él. Feliz verano.

“Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas”.
  






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