lunes, 24 de marzo de 2014

Respetar el equilibrio natural de la piel, es lo primero que hay que exigirle a un jabón o crema natural


Hay una escena muy famosa en la película de James Bond, “Goldfinger”,  donde asesinan a una chica maquillándole toda su piel con pintura de oro, la piel comienza a “ahogarse” y ella muere por asfixia cutánea. Es sólo una película pero sabemos que si a una persona se le cubre una tercera parte de la piel con una sustancia que obstruye los poros, le causaría graves problemas de toxicidad ya que al no poder “respirar” - el término correcto sería transpirar -  le impide eliminar las sustancias nocivas del organismo. No, no quiero alarmaros sólo quiero que veáis la importancia que hay que darle a este tema.
¿Respira la piel? Es pequeñísima la cantidad de oxígeno que  se absorbe por la piel, digamos que no es su función, su cometido es aislar al resto de los órganos del medio externo, absorber UV como fuente de energía para sintetizar la vitamina D y regular la temperatura del cuerpo mediante el proceso de sudoración.
La piel es permeable y es nuestro único refrigerante corporal, cualquier tipo de sustancias, nocivas o no, migrarán a través de ella llegando al interior del cuerpo y si son muy cubrientes impedirán la asimilación de vitamina D y la transpiración corporal. A partir de aquí hay que pensarse dos veces lo que vamos a poner en la piel.
Seguro que en más de una ocasión, justo después de extenderos una hidratante notáis la sensación, bastante fea, de poros tapados, que se vuelve muy desagradable sobre todo en verano con el calor. Es la respuesta de la piel, nos está diciendo que sus orificios están obstruidos y que quiere ventilación, necesita que las gotitas de sudor se evaporen para refrigerar el cuerpo. Las cremas si son muy untuosas aunque sean naturales tienden a tapar los poros, con el consiguiente aumento de la temperatura corporal, sudoración e irritación de la piel al no haber evaporación (las sales que contiene el sudor son muy abrasivas).
Por esto hay que cuidar mucho que las cremas sean equilibradas, que hidraten y nutran la piel respetando sus funciones naturales. Siempre aconsejo que se use muy poca cantidad porque creo que el exceso perjudica y sólo una vez al día, dos veces para pieles muy secas.
Acompaña al jabón una crema para el rostro y leche corporal. Ésta última quería hacerla bastante fluida y me quedó con la textura de la leche, casi líquida. Es un encargo de mi piel, la quiere para el verano, ligera, cremosa y muy fresca.
Con aceites de pomelo y membrillo (macerados con oliva), argán, coco, cera de abeja, agua floral de rosas y aceite esencial de geranio.






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