miércoles, 16 de diciembre de 2015

Jabones de ginkgo biloba, ricino y karité

Macerado de oliva y ginkgo biloba, aceite de ricino y manteca karité
Con hidrolato y extracto de lavanda








Bajo invisibles estrellas

Su color es gris oscuro, el silicio abunda en ella y su aparente dureza le da una recia  presencia en este bucólico entorno. Esta roca, surgida seguramente hace millones de años de alguna erupción volcánica, parece un molde cuajado de tal forma, que da la sensación de estar hecho a propósito para encajar en él, toda una anatomía humana. Recibe el Sol, tamizado por las aciculares hojas de los pinos, al mismo tiempo que una brisa cargada de abundante oxígeno, la baña dejándola fresca y limpia. Me invita a usarla de lecho para descansar, no solo de la dura subida hasta ella, sino también del fractal en movimiento que es mi mente; una imagen, una idea, una preocupación, una ansiedad, una pregunta, ninguna respuesta, un recuerdo y todo eso repitiéndose a distintas escalas dentro de mí, sin principio ni fin. Siento vértigo. ¡Tengo que escapar de este laberinto!  

Con el torso al descubierto y la cara sudorosa, recibo con agrado el regalo, que tan pulcra naturaleza me ofrece en este arrebatador momento. Cuando me he acoplado sobre ella, he experimentado la sensación de reposo más agradable que mi cansado cuerpo, haya podido recibir en mucho tiempo. Tendría que retroceder en el mismo, para sentir el disfrute de la blandita cuna que formaría con sus firmes brazos mi madre, arrullándome con alguna canción acompasada de los amorosos latidos de su corazón y meciéndome con ternura. ¡Incomparable deleite! Nunca grabado en mi memoria claro que no…y ¿Para qué? Si es imposible comparar tal sensación. ¿Acaso en mi vida podría haber algún momento mejor? Mis turbulentos pensamientos se van  calmando, miro al cielo y tengo que cerrar los ojos pues la luz colándose entre los resquicios producidos por el movimiento de las hojas me molesta, me impide  acabar con el vaivén de mi cabeza.

Desde mi magnífico observatorio, hacia el sur y a la derecha escondida entre pinos centenarios, se vislumbra un cachito de aquella casa que otrora fuera refugio de tantos e incumplidos sueños. Aparto la vista y los recuerdos, centrándome en el claro horizonte marino que se contempla desde esta imponente atalaya, donde por una de sus pendientes parece resbalar “El Atabal”. 
Tengo que llevar mis pensamientos por otros derroteros, huir del pasado; al menos de cierto pasado. 

El cielo, ofreciéndome un espectacular celeste, no parece tan profundo. No hay sombras ni referencias simula una cercana cúpula. Me invita a reflexionar. De cara a esta infinita bóveda,  sin interferencias de nubes intento penetrarla con mi vista sin usar la imaginación. Me encantaría percibir el débil tintineo luminoso  de alguna lejana estrella; pero es tal el resplandor del Sol, que me priva de observar a sus hermanas más cercanas.

Tal vez somos seres oscuros a los que el exceso de luz nos aturde, impidiéndonos interpretar correctamente la realidad. Sin embargo noto como la radiación solar calienta mi piel y eso es agradable. También esas invisibles estrellas estarán enviando las suyas. Dicen, que en forma de lluvia cósmica, como una suave brisa estelar, que tras cientos de años, tal vez miles o millones, viajando a la velocidad de la luz, terminan desparramándose en nuestro planeta. Algo de esa energía llegará aquí, a este lugar, en este mismo instante, donde indolentemente  descanso.

Unas pequeñas mariposas azules, dos o tres no más, revolotean alrededor de mi sin rozarme, son tímidas. Parecen danzar para llamarme la atención y bien que lo consiguen.  Una se posa en la piedra a cierta distancia y abre sus alitas para enseñarme su espectacular colorido como si se desnudara impúdicamente ante mis ojos  o tal vez simplemente para alegrar mi maltrecho corazón con ¡tanta belleza! Otra alza el vuelo y con cierto atrevimiento se acerca a mi cara y asustada quizás por mi asombro, acelera el batir de sus alas dejando un pequeño rastro de brillante polvo… ¡Dios, que regalo me está haciendo! ¿Seré un privilegiado al haber contemplado, lo que solo se ha descrito en los cuentos de hadas? Seguro que lo he sido, porque este momento; no volverá a repetirse.
Y pensar que nos afligimos por nimiedades, que le damos importancia en exceso a tanta vanidad, que reflejándonos en el espejo de nuestro egoísmo no somos capaces de ver lo que realmente somos;  seres, incapaces de percibir en  esas pequeñas cosas tan bellas y espontáneas, el modo más sencillo y amable de relacionarnos con nuestro entorno.

El penetrante olor resinoso de los pinos, hace lo que puede por limpiar los fatigados alveolos de mis pulmones, maltratados durante años por el tabaco. Al cabo de un buen rato respirando este perfumado aire, comienzo a saborear con más intensidad aromas ya olvidados de mi infancia. El tomillo, el romero, mmm el poleo… abundan por este entorno. ¡Cuántos recuerdos!

Aquellos primeros de noviembre,  en los que todos los chiquillos íbamos con nuestras mochilas cargadas de frutos y de ilusión hacia la “loma larga”, a vivir imaginarias e imposibles aventuras, se convirtieron posiblemente en una de las fiestas más deseadas. Vaciábamos  el contenido de las taleguillas con desbordada fruición, cargándonos de risas y felicidad. Al acabar la jornada, todos nos llevábamos un ramillete de poleo  ─muy abundante por aquel entonces en aquella loma─  a nuestras casas para hacer balsámicas infusiones. Algunos, también algún dolorcillo de tripa por tanta castaña cruda. Recuerdos de aquella adorada Ceuta.

Intento no pensar en nada, estoy tan relajado que me apetece dormir…cierro los ojos y ¡Que curioso!, como si estuviera encaramado sobre el  pino que me da sombra, me veo sobre la piedra donde descanso. Siento algo extraño, no reacciono; de repente, esta comienza a abrazarme tomando forma humana, me hundo en ella agarrado con firmeza por unos sedosos brazos que rodean mi tórax  y abdomen impidiéndome escapar. Desde arriba me grito a mí mismo ¡Despierta! Me siento doblemente angustiado, sufro desde lo alto del árbol y desde la piedra, bueno ya no es una piedra, es una hermosa pero inquietante mujer ; cada vez me integro más en su cuerpo, no puedo respirar, me muero, cómo es posible que me trate así ¡Cuando he sentido tanta admiración por ella! Empiezo a no ver nada, todo está oscuro.

Si el silencio total existe, lo estoy experimentando. Ya no me contemplo, no grito, no siento angustia ni temor y sin embargo noto que aún estoy vivo. Quiero abrir los ojos y no puedo. Todo esto es imposible, estoy dentro de un sueño, tengo que despertar. ¡No es posible! ¡Pero si  estoy viendo! Es de noche.
Un oscuro cielo se va iluminando lentamente; centellea, es como si millones de astros quisieran decirme algo. Tan lejanos y sin embargo presiento sus invisibles dedos que me cubren de  unos filamentos ligerísimos, como brillantes telillas de araña. ¿Será polvo de estrellas? ¡Esto es inquietante! Mientras,  aparecen mis amigas azules esparciendo el suyo sobre mi cabeza y comienzo a presenciar como  toda mi vida pasa ante mi conciencia, en súbitas imágenes en color, grises, algunas negras y otras de un blanco tan intenso que el Sol las envidiaría. Una mujer bellísima toda de blanco, pura luz, aparece ante mí y me sonríe;  parece una reina. ¡Es la dama que apareció en el tarot! Sí, aquel que me echaron un tiempo atrás, auspiciando que una mujer de blanco sería mi eterna protectora... Estoy tranquilo, siento auténtica paz.

Al fin puedo abrir los ojos, el resplandor del día sigue ahí, todo vuelve a la realidad. El Sol pegando fuerte, la brisa sigue siendo fresca y los pinos murmurando… pero las pequeñas y azules mariposas ya no están. Quizá nunca estuvieron;  pero yo he vivido junto a ellas un quimérico pero bonito sueño. Me incorporo y vuelvo pensativo pero relajado a casa. Tuve miedo, pero en realidad esa roca solo fue  el vehículo que llevó a mi ánimo la señal de que alguien se preocupa y vela por mí. El futuro lo veo algo más prometedor.

Mariano Álvarez Martín                                  Noviembre de 2015 



Todo lo mejor para estas fiestas y para el nuevo año
Felicidades

2 comentarios:

Valeria Kz dijo...

Me encanta tu blog!! saludos de una novata jabonera de Argentina. Besosss

Ana dijo...

Gracias Valeria. Un abrazo grande