jueves, 16 de julio de 2015

Lavanda, hierbabuena y romero





Con macerados de lavanda, hierbabuena y romero en aceites de oliva y girasol (primera presión en frío)



Las burbujas viajan (Escondidas en un pedacito de jabón)


Haber experimentado aquellas sensaciones tan conmovedoras, produjo insomnio e intranquilidad en Betthina. Su mente era un continuo volver a empezar las duras escenas del sufrimiento de Tuchia y aunque el desenlace  siempre desembocaba en clara justicia, el mimetismo sufrido la perturbó hasta el punto de percibir los acelerados latidos de la sacerdotisa como suyos. Tanta angustia le produjo una respiración jadeante en vez de sosegada ventilación y necesitaba descansar…

Cuando al fin pudo conciliar el sueño, poco a poco todas las funciones biológicas se fueron normalizando y la ligera lividez de su tez fue recibiendo el color sonrosado de una fresca oxigenación vascular. Durmió profundamente durante bastantes horas.

Despertó sin sobresaltos, de forma apacible, sin confusión. Tomar un buen baño se convirtió en urgencia; el sudor aunque fuera ligero era algo que no soportaba. Estuvo poco tiempo dentro del jacuzzi, aunque lo mantuvo a toda pastilla para conseguir una buena tonificación muscular. Con ayuda de la asistenta, se trenzó el pelo enrollándolo al estilo “virgen vestal” de la Roma clásica. Pletórica de energía se dispuso a dar un paseo y reunirse con sus amigas para hacerlas partícipes de todo lo sucedido. ¡Estaba guapísima! Le dio un beso a Julia mientras comentaba  ─¡Un día precioso, hay que disfrutarlo! Si quieres tómate el resto del día libre.─ No, no saldré, lo dejaré para otra ocasión, gracias Betthina.

La animada calle invitaba a gozar del delicioso y primaveral frenesí madrileño. Se dirigió a la tertulia con una carga de amor como nunca había sentido. Quería gritar al mundo ─¡Soy feliz, soy feliiiz…os quierooo!─ Caminaba sonriendo, intentando visualizar la expresión de sorpresa de sus compañeras cuando oyeran su relato. Especialmente la de Sonia, la más joven, muy propensa a dejarse influenciar con cierta facilidad por los temas esotéricos. Esta jovencita, licenciada en Medicina General, realizó cursos académicos de Homeopatía en la Universidad de Zaragoza y un master en la de Valencia, decantándose laboralmente hacia las “pseudomedicinas“, Fitoterapia, Homeopatía, Acupuntura, Reiki, y Psicología Transpersonal (regresiones espontáneas).
Conoció a Betthina en unas charlas de la “Fundación Europea de Medicinas Alternativas”, sobre Fitoterapia, ciencia que pertenece al ámbito de la medicina y relacionada estrechamente con la botánica.

─¡Asombrosos seres que cautivos al suelo, nos regalan con generosidad una y otra vez toda su carga vital. Así son las humildes y generosas plantas.─ Con esta aseveración se exhibía cuando tenía la oportunidad de disertar sobre el poder curativo de las mismas.

La llegada de Betthina fue genial, la recibieron con una delicada algazara para no llamar la atención en el repleto salón de la cafetería. Sorprendidas por el nuevo peinado, la veían más joven y atractiva que nunca ─umm algo exótica─ pensaron. Era evidente que sentían por ella admiración y cariño.

Besó a cada una con gran efusión, al tiempo que con voz clara y en sentido admirativo, dijo ─¡Esta vez no hubo “gatillazo de burbuja!”─  Se produjo una cierta perplejidad en el grupo que tardó en reaccionar, hasta que una ligera carcajada fue el indicativo de que ya se habían percatado del mensaje; aunque no lo interpretaron correctamente.

─¿Podemos pensar que por fin has tenido una experiencia…bueno…una grata relación amorosa?─ comentó con retintín Tina, compañera de habitación en aquel entrañable colegio mayor, donde residieron los años de universidad.─ 

Licenciada en biología, justificaba la carrera elegida como una consecuencia lógica del pensamiento científico que conquistó su mente, donde el microcosmos y el materialismo serían desde entonces el combustible de sus reflexiones, en contraposición con las de su bella amiga en la que la metafísica y el universo ocupaban un lugar preferente para entenderse con la vida. Desde entonces mantuvo una estrecha amistad con Betthi, como cariñosamente la llamaba.

─¡Se nos ha enamoradoooo!─ dijo Marta

─Os aseguro que no─  respondió Betthina con un rictus de persuasiva sonrisa, característico en personas de fuerte temperamento y muy seguras de sí mismas.

Sonia, fascinada por la enigmática puesta en escena de su querida amiga, dirigiéndose al grupo suplicó  ─Dejémosla que hable por favor. Betthi nos tienes en ascuas ¿qué experiencia has vivido?─

─Antes, aunque os aburra, tengo que hablaros de las vestales.─ Así, comenzó su relato, detallando posteriormente, todo lo vivido desde el instante en que Manuel reventó aquella gloriosa pompa en su mismísima cara, hasta su asombroso viaje al pasado. Se explayó en alabanzas a Tuchia y explicó cómo se produjo en ella una especie de transmutación en la que por momentos, se sintió la guardiana del fuego sagrado. Al terminar el discurso y observar la expectación de tan atento auditorio, intentó hurgar en aquellas mentes, para detectar el grado de credibilidad conseguido.

Sonia, fue un libro abierto; se zambulló en la historia a pulmón libre, bien en profundidad, identificándose totalmente con su amiga y dando fe de su veracidad. Con cierto tono apenado, pero con mucha gracia dijo:  ─¡Cómo te envidio! ya me hubiera gustado experimentar algo parecido.─

Tina, quiso sostener la mirada de Betthi, y aunque nunca lo había conseguido,  ─vivos destellos ocres de los ojos de su íntima amiga, siempre se lo impedían─ no dejaba de intentarlo. Tuvo que desviar la mirada y de perfil, con una sonrisa taimada comentó  ─¡Vaya porrito que te fumaste!─

 ─¿Cómo? ¿Qué dices Valentina?─

Cuando Betthi llamaba por su nombre a Tina era señal de que algo empezaba a ir mal entre las dos y estaba claro que esa observación no le hizo ninguna gracia. El radiante semblante de Betthina se transformó en una expresión de enojo contenido. Se produjo un tenso silencio.

─Tu sabes que jamás fumé, y menos esa mierda ¿por qué me dices eso?─ 

─No te enfades Betthi, es broma. Quizá la mente te jugó una mala pasada, por esa obsesión burbujeante─ 

-¿Obsesión burbujeante? ¡vaya observación!, lo estás arreglando─  El rostro de Betthina por momentos, iba adquiriendo un gesto más severo de lo normal.

─No sabía nada sobre Tuchia ¿Cómo te lo explicas? Nunca oí ni leí nada sobre ella.─ 

─En algún momento que no recuerdas, oíste o leíste algo sobre esa sacerdotisa y algunas díscolas neuronas te lo han recordado jugando con tu consciente. Seguro que estabas despierta y aun así, te tomaron el pelo. En cualquier caso una mala pasada.─

─O sea, según tú, unas cuantas neuronas se han escapado de mi cerebro han desconectado sus sinapsis, se han ido a Roma y desde allí me han transportado al templo de Vesta para divertirse conmigo, bueno a costa mía. ¡Que poderío el de mi mente!. Te repito Valentina, de Tuchia nunca, supe, nada, y mis neuronas como tú dices, si algo me han proporcionado ha sido una emocionante y rica experiencia.  Ahora bien, que estés especulando una hipótesis sobre unas revolucionarias e incontrolables neuronas, que serían las  responsables según tú de un estado anómalo de mi consciencia;  no solo me ofende, si no que pones en cuestión mi salud mental, además de destruir una historia tan hermosa. Y no me parece justo, por mucho que justifiques tus sentimientos con simples conexiones químicas.─

─Pero Betthina, cielo, ¿cómo puedes creer que has viajado al pasado?─ Tina, al igual que ella, optó por usar su nombre en sustitución del diminutivo para no ser un sujeto pasivo en aquella batalla dialéctica.

─Quizá expresé poéticamente esa experiencia como viaje, cuando en realidad se trataba de un mensaje o vete tú a saber, pero ni tuve noticias de Tuchia ni jamás estuve en el templo de Vesta antes de ese momento y sin embargo lo describí con total exactitud, a tenor de lo que de él queda en la actualidad.─

Sonia, intervino en la discusión en favor de Betthina  ─Tu siempre con el materialismo a cuesta. Pues yo creo a pies juntillas a Betthi, no la veo urdiendo patrañas ni fumando hierba, no tienes razón bonita. Además, has de saber que ya hay estudios científicos donde se especula sobre la posibilidad de que “el cerebro sea un receptor de la conciencia y los recuerdos, o lo que es lo mismo del alma y no un creador de la misma” como manifiestas con tu “teoría de divertidas y viajeras neuronas”.─  

─Ya dije que ha sido una broma, ¿lo dejamos ya?─

─Si, pero ya va siendo hora de que aceptes que existen otras realidades que por su naturaleza son imposible de explicar: ni por las matemáticas, ni por la física tradicional o cuántica, me da igual, ni por la química y menos por el materialismo dialéctico. Si no lo haces, estarás dejando pasar la oportunidad de ampliar aún más tu horizonte de conocimientos.─ contestó con firmeza Sonia.

─Yo ya tengo suficiente horizonte con los átomos y la genética cielito, que la cosa no iba contigo.

─Ya,  pero la bromita no tuvo gracia Tina─ concluyó Sonia.─                                        
Marta, era ginecóloga, sin duda la más risueña y con más sentido del humor de las cuatro. Su extrovertido carácter le permitía hacer amigos con facilidad. Racional, pero extremadamente pasional si la situación lo requería. De cuando en cuando afloraban en ella indicios de alborotada fogosidad, aunque solía enmascararlos recurriendo a la lógica. Ella misma se definía como una dubitativa amazona cabalgando sobre el agnosticismo.

Para calmar algo la tensión producida, nuestra ginecóloga desvió la conversación hacia lo anecdótico del encuentro entre  Betthina y Manuel.  

─Betthi, lo que hubiera dado por ver a ese muchacho cayéndosele la baba con tus encantos, ja ja ja─ intervino riéndose Marta  ─Tuvo que ser una escena fantástica, yo no hubiera podido aguantar la risa. De verdad, mejor no la has podido describir. Un gag digno de una película de “Mr.Bean”.

─Sí, sí que lo fue y aunque en ese momento no me llamó la atención nada que no fuera la espectacular burbuja, al recordarla no tuve más remedio que reírme.─ Betthi hacía esfuerzos por retomar el estado eufórico con el que hizo acto de presencia, notándose una cierta inquietud en ella;  como si estuviera preparando algún otro acontecimiento a sus compañeras.

─Quiero  comentaros algo. Cuando venía hacia aquí, he leído en la prensa el hallazgo en Septem Fratres de unos vestigios romanos. Parece ser que bien conservados y esto me interesa bastante, por lo que he decidido darme una vueltecita por allá─.

─No corras Betthi ¿Dónde dices que han aparecido esos restos arqueológicos?─ preguntó sorprendida Tina con ganas de conectar de nuevo con su querida amiga; con disimulo, como si no hubiera pasado nada.

─ ¡Venga ya! me sorprende que no recuerdes que se trata de la actual Ceuta, la de las siete colinas. Igual que Roma. ¡Con la de veces que hemos hablado de ella y de los grandes navegantes fenicios!. Ellos, la fundaron con el nombre de Abila, posteriormente nombrada Hepta Adelphoi por los griegos focenses, Septem Frates por los romanos y Septa por los bereberes hasta evolucionar a Ceuta─. 

─Ya recuerdo, pero si directamente hubieras dicho Ceuta, no me hubiera sorprendido. ¿Verdad chicas? ─

─Silencio. No hubo respuesta.─

Estaba claro que tanto Marta como Sonia se habían posicionado al lado de Betthina.

 ─¡Betthi, Betthi! ¿Qué es eso de griegos forenses?─ preguntó intrigada Marta─.

 ─¿Qué dices de forenses? Jajaja… Dije ¡griegos focenses!

 ─Por un momento creí entender “griegos forenses”, ¡Dios mío! que yo sepa, en aquella época esa especialidad médica dudo que existiera…ja ja…bueno tal vez ninguna. Jolín ¿en que estaría pensando yo?, ¿o tal vez tenga que ir al otorrino─

Se produjo una risotada y una expectante calma; esperaban la extensa respuesta de Betthina, la conocían bien y cualquier pregunta que se suscitara sobre historia, sería la  enzima que detonaría una reacción en cadena de locuacidad docente difícil de parar.

No se hizo de rogar, Betthi entró al trapo con facilidad. Se la notaba con ganas de calmarse y la oportunidad se la daba Marta.

 ─Eran navegantes griegos procedentes de Focea, una ciudad griega fundada por los focidios y establecida en Asia Menor, hoy la actual Turquía. Según Herodoto fueron los primeros navegantes griegos que se aventuraron en largas travesías. Se les atribuye el descubrimiento de Iberia y Tartesos y lo más probable es que se dieran un garbeo por Ceuta…

Sonia, inocente, sin malicia, desató otra explosiva verborrea;  cuando se le ocurrió comentar que ella había tenido la fortuna de cruzar el estrecho rumbo a Ceuta y contemplar la majestuosidad del Yebel Musa. ─¿Sabías Betthi, que ese monte es más conocido como la Mujer Muerta?─

─Si, pero no he tenido la suerte de contemplarlo─ dijo Betthina ─Os diré que en la mitología greco-romana se habla de los doce trabajos de Hércules y cómo  a modo de monumento, cuando acabó la última tarea plantó dos columnas en el estrecho de Gibraltar. Una la colocó al Sur, Abila; algunos la identifican con el monte Hacho de Ceuta, otros con el Yebel Musa, en Marruecos; la otra al Norte lo que conocemos como el Peñón de Gibraltar, Kalpe. Pues bien, esa mujer muerta de la que hablas es probablemente una de las columnas. Lástima, porque de no haber tenido pechos podría tratarse del mismísimo Hércules, El Heracles griego.

Nunca he ido a Ceuta, así que os invito a venir conmigo.  ¿Quién se apunta? No quiero ir solita.─ Entusiasmada  intentó persuadirlas pero; no obtuvo una respuesta inmediata, así que siguió argumentando su propuesta.

─Nos alojaríamos en un hotel de lujo muy peculiar, ya que ocupa parte de unas murallas muy bien conservadas de origen portugués, con un foso que sirvió de bastión defensivo y por donde el agua rompe la pequeña península convirtiéndola en una isla. Es una panorámica entre natural y urbana, una preciosidad ¿Qué os parece?. Presiento que nos esperan momentos emotivos para disfrutarlos.─

─Cuando sería─ preguntó Marta.

─Quisiera ir este o el próximo fin de semana. No creo que os afectara mucho─

─Yo los dos próximos sábados los tengo ocupados, uno de guardia y el siguiente en un congreso internacional que se celebra en Valladolid, no puedo acompañarte Betthi.

─Me gustaría que fuera la próxima semana, estoy loca por ir ¿Te vienes Valentina ─ Dijo Betthi mirándola fijamente. Aún se notaba un grado de afectación en Betthina, por aquel gracejo impropio de Tina.

─Me atrae pero no va a ser posible, demasiado trabajo las próximas semanas, incluidos los sábados. Ha tomado vacaciones mi compañero de servicio y su trabajo, en parte, he de hacerlo yo─  contestó Tina con cierta tristeza.
Estar junto a Betthi compartiendo sus aventuras y relatos siempre la habían proporcionado bienestar y riqueza espiritual de la que no estaba sobrada, siendo esto último, el motivo de grandes pero estériles discusiones, si bien, terminaban dándose un beso y un cariñoso abrazo. ─Marta, en alguna ocasión comentó que Valentina era el “álter ego” de Betthi  ya que trataba de emularla en algunos aspectos sin mucho disimulo. Una observación quizá algo exagerada.─

A Sonia, se la notaba dubitativa pero bastante interesada ante la invitación de Betthi, tenía compromisos para los próximos sábados, pero era una persona dada a no desperdiciar invitaciones ─vamos que se apuntaba a un bombardeo si fuera necesario─ así que tomó la decisión de posponer aquellos asuntos.

─ ¿Estaríamos de vuelta el lunes?─

 ─Yo creo que sí, el domingo a mediodía tomaríamos el ferry hacia Algeciras y de allí a Málaga para coger el AVE  de vuelta a Madrid.─

─Pues te acompaño Betthi, ¿tú te encargas de pasajes y alojamiento─

─Si, no te preocupes. El próximo viernes, después de una corta travesía donde me gustaría tener la oportunidad de ver los delfines comunes y tal vez el delfín mular, dormiremos como ángeles en el Hotel la Muralla de Ceuta─ Se abrazó a Sonia y la estampó un sonoro beso.

Se despidieron cariñosamente entre todas, aunque Tina tuvo un gesto más efusivo hacia Betthi. ─En tu próximo viaje cuenta conmigo─ le dijo al oído.

─¡Ay Tina! a veces no te entiendo. Bueno ya hablaremos cuando vuelva.─ Betthi posó sus manos sobre los hombros de Tina y con un leve zarandeo dándole un abrazo y un delicado beso le dijo ─Pórtate bien.─

Con todo preparado para el viaje, llamó a Sonia para ir a recogerla pero antes de que esta descolgara el teléfono cortó la llamada y salió precipitadamente hacia el  cuarto de baño. Abrió con calma el mueble de los perfumes y mirando fijamente el paquetito donde envolvió el objeto que le proporcionó tantas emociones, tendió su mano hacia él, frenó el intento de cogerlo y se mantuvo pensativa unos instantes. Por fin se decidió, lo tomó y lo guardó cuidadosamente en uno de sus bolsos. Llamó de nuevo a Sonia y salió lista para su aventura.

Mariano Álvarez Martín

2 comentarios:

Trini de la Cruz dijo...

Afortunada de compartir los sueños de Betthi y su pasión por las burbujas. Gracias

Ana dijo...

Gracias a ti. Un saludo