martes, 10 de febrero de 2015

Jabones naturales de aceite de manzana, karité y argán



Esta publicación la leí el año pasado:  ”…La acción de marketing de una floristería británica ha causado sensación en las calles de París, donde han colocado 1.500 cajas con una flor para, en caso de emergencia, poder romperlas y regalar la flor…” “…1500 cajas con rosas fueron colocadas en distintas zonas románticas de la capital francesa para aquellos que se sentían en la urgencia de hacer homenaje a San Valentín al enamorarse a primera vista…”

Al menos la idea es original, pero ¿no creéis que el pobre San Valentín se nos ha convertido al más puro consumismo? Para las que no queremos esto, pero sí nos apetece que sea un día especial, volvamos a esos tiempos en los que nos emocionaba un paseo a la luz de la luna, un baile juntos o una charla seductora en un café, no era novedoso antes pero hoy sí que lo es.


Cuento para San Valentín

Si el amor nace intenso desdeña el tiempo, para él no existe. No es corto como canta Neruda. Sufre la tiranía de Cronos que lo comprime sin piedad en un intento de hacerlo desaparecer  y en su largo olvido, se hace eterno.

¡Mira que hay historias insólitas en mi vida! pero una en particular repiquetea de vez en cuando en mi memoria, llamándome poderosamente la atención. Reclama cambiar su desenlace. Condensarla en un relato corto no es tarea fácil, aun así, presiento que su lectura puede hacer que aleteen los tabiques de algún corazón.

Volvía algo cansado de casa de unos amigos, donde pasé el fin de semana antes de la clausura de la convención a la que fui llamado. Tomé un taxi pues tenía ganas de volver pronto al hotel y durante el trayecto pude contemplar cómo la tarde iba desvaneciéndose poco a poco. El Sol enviaba sus últimas caricias en forma de cálidos besos y encendido rubor, adornando el horizonte en una espectacular escena.
Entré en el hotel y nada más atravesar el vestíbulo, oí unas voces que me llamaban, ¡Mariano, Mariano! desconcertado volví la mirada hacia donde creía que me reclamaban y fue grande mi sorpresa al ver a un grupo de compañeros junto a unas jóvenes muy exóticas.

Emocionados y con ganas de divertirse, convencieron a las chicas para salir por Madrid; pero al no conocer ninguno la ciudad no sabían dónde ir. ¡Cómo se alegraron al verme! sabían que conocía Madrid y me convirtieron en su cicerone. 

Me llevaron hasta el grupo donde unas voces muy dulces alegraban el ambiente. Sin duda Sudamérica hablaba. Fue entonces cuando se produjo uno de los instantes más llenos de magia que hasta entonces pude haber vivido. –Mariano, esta es Marta-  me sentí en otro mundo, no sabía dónde me encontraba. Frente a mí, una preciosa chavala con unos ojos verdes que parecían decirme - te esperaba- con una sonrisa tierna y sensual que reflejaban una sinceridad y una transparencia que me hicieron temblar de emoción. ¿Era para mí? ¿Cómo era posible? ¡La más bonita Dios mío! recordé entonces aquel Sol enviándome besos hacía un rato, en aquel maravilloso crepúsculo madrileño; tal vez una premonición  de las sensaciones que estaban por venir.

Atropellada y torpemente la interrogaba y el nerviosismo delataba mí fascinación; pero ella dándose cuenta de la impresión que me causaba sin perder su preciosa sonrisa, salió en mi ayuda: soy de Colombia, estudio económicas y estoy en tu país en viaje cultural...

Todas sus palabras, dichas con ese español tan particular y chispeante, sobrepasaron  mis defensas llegando limpias y amorosas a lo más profundo de mi ser.

Sobreponiéndome a esos primeros instantes tan deslucidos, quise poner en marcha las dotes de seducción que en otras ocasiones me ayudaron, aunque rápidamente me di cuenta de que con Marta no funcionarían,  porque mis respuestas tenían que ser tan limpias y sinceras como las que ella me ofrecía; de no hacerlo así, sabía que se iba a desvanecer.
Le aclaré cuanto quiso saber y me aceptó. Al menos, durante las próximas horas yo sería su pareja.
Respiré  hondo, vi que seguía a mi lado  y como un vivo y mágico alambique, empezó a destilar para mi todas sus esencias: Sus inquietudes y proyectos, su familia, su pasado, su carácter, su sinceridad  y sobre todo en generosa abundancia su elegancia y exótica belleza, ¡Que derroche!

Tomamos nuestros coches y dirigí la marcha hacia la Plaza Mayor. Allí recorrimos casi todos sus mesones. Por el Arco de Cuchilleros nos dirigimos a la Casa de la Villa, ese típico restaurante madrileño donde sus buenas viandas, los vapores de Baco y tan buena compañía, nos pusieron en predisposición de vivir intensamente aquella noche.

El fresco y suave tacto de su piel canela clara, su pelo castaño, esos indescriptibles ojos verdes y aquella  jugosa boca que al hablar se acompañaba del dulce tintineo de su dejo caribeño; sencillamente me volvían loco.

Decidimos ir a bailar. Un ligero temblor recorrió todo mi cuerpo al pensar que no tardaría en rodear su cintura con mis brazos.
Elegí una discoteca no muy lejos del hotel, llamada “Cerebro”.  Al llegar, sin dudarlo, la tomé de la mano y entramos en ella.
Nunca olvidaré aquella sala, sus luces, su ambiente,  la música, todo rezumaba embrujo, parecía un crisol en el que se podrían  mezclar todos nuestros deseos. Mi mente ignoraba todo a mí alrededor, sólo era para Marta.

"Beso a beso", Paloma San Basilio hechizó la pista de baile. Oyendo aquella canción y teniendo entre mis brazos a aquella criatura era imposible mantener la cordura. Su cabeza apoyada en mi hombro, recibiendo el perfume de sus cabellos, sin apenas movernos; nos mantuvimos un buen rato silenciosa pero armoniosamente conectados. Rompí el silencio  – ¡Marta! -  enfrentó su cara a la mía y la sorprendí con un beso que no rechazó, todo lo contrario. Permanecimos besándonos, largo tiempo.

Comencé a navegar por otro mundo, en un paraíso, donde perdí la noción del tiempo, ¡fui feliz! 
Nos amamos.
Y aunque no reparé en el tiempo, la verdad es que la noche tenía prisa y acabo yéndose.
Al día siguiente desayunamos juntos. Ella seguiría sus vacaciones por Italia. Yo continuaría unos días más en la convención. ¡Qué horror! Quería huir de aquel tedio, escaparme con ella. Mis compañeros notaron que algo me pasaba, aunque jamás lo entenderían. Fui el único que bebió tan perturbador y maravilloso elixir de amor.

Nunca había experimentado una despedida tan triste. Nos dimos los últimos besos con la sensación de que no se repetirían y de repente desperté, percibí el cambio sufrido en mi alma, mi estabilidad emocional la había perdido y la inseguridad se instaló en mi ánimo. ¿Qué hacer Dios mío? no quería perderla.

Nos despedimos con la firme intención de mantenernos en contacto. Planeé dejarlo todo para ir a su encuentro, pero fui un cobarde, la lejanía me trastornó. Nos comunicamos en la distancia por algún tiempo pero al final, el encantamiento acabó rompiéndose.
Lloré a solas. Nadie supo de mi dolor, y mi integridad se hizo añicos:

                                           De aquellos sueños rotos,
                                           jirones de nuestra vida
                                           los vimos enredados
                                           en aquel viejo rosal,
                                           que se nos fue secando.
                                                                                                Mariano Álvarez

  


2 comentarios:

Maria Jimena Ventura Sanso dijo...

Hola buenas tardes, me ha encantado tu blog y en especial este jabón es una oda al romanticismo!!!!!!

Ana dijo...

Muchas gracias María. Un abrazo