martes, 14 de octubre de 2014

Dulces y jabones



La mirada de un niño es un lenguaje universal. ¿Os habéis fijado cómo miran las golosinas?, no hay palabras que expresen mejor lo que harían con ellas.

Recuerdo, en una feria de artesanía, que saqué este jabón junto a bálsamos de labios, barritas para masajes, exfoliantes …, todo con mucho colorido, el puesto se llenó de nenas con la vista pegada en ellos pero que no se atrevían a preguntar.

Una niña me llamó la atención, tenía diez años y se había acercado varias veces. Observaba a los jabones como si fueran dulces, recogiéndose el pelo cuando inclinaba la cabeza buscando su olor, sin apenas rozarlos. Fue a la tercera o cuarta vez que vino cuando me preguntó el precio y al rato largo volvió con las manitas en cuenco llenas de monedas pequeñas. Quería dos jabones coloreados con flores. Su forma de interesarse, de observar y preguntar me encantó.  Hacer jabones para niños y que sean ellos mismos los que te lo pidan es así de gratificante. Son las semillitas del futuro y hay que cuidarlos con lo mejor.

Le expliqué cómo los había pintado. Con pincel utilizando crema de jabón para dar color a los dibujos, no sin antes haberle puesto el sello. Quería saber si eran de aceite de oliva, le dije que sí y que además llevaban argán, coco y cera de abeja. Mientras se lo contaba me dio la impresión que ya conocía el jabón natural, seguramente, en los pueblos la buena costumbre de hacer el jabón a mano aún no se ha perdido y esta niña, por sus preguntas, sabía de lo que le hablaba.











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